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10 julio 2007

Steve Jobs

Una lección de vida.


19 agosto 2006

El Político

El ser político

La dimensión política del ser es similar a todas las demás que lo componen, la social, la económica, la intelectual, la sexual, etc. La virtud del ser político es por definición controvertida, pues es más próxima a la virtud griega que a la virtud occidental contemporánea. Quizá la mayor virtud del político consiste en su capacidad para desplazar las restricciones que enfrenta, principalmente las morales.

El poder es la capacidad de cambiar el orden natural de las cosas o de cambiar la toma de decisiones de los otros. Pero el poder en abstracto no se posee con algún tipo particular título de propiedad, pues incluso las investiduras se ejercen y fortalecen a través del uso del poder. El poder tiene valor de uso y conforme al mismo se ejerce instantáneamente, es valor en cambio en la coyuntura mas no es posible cederlo como un bien, pues tal está personalizado y ceder el poder que se posee es similar a ceder la vida, por ello el político sólo se retira del oficio con la muerte.

El ser político es inherentemente perverso, pues corrompe el orden y estado habitual de las cosas. Empero no es trivial calificarlo como "bueno" o "malo" es decir bajo los cánones cristianos el político no se asimila como un ser social normal, sino que su misma marginalidad le infiere un halo que lo distingue de sus congéneres. Pero ello tiene un costo intrínseco que el político transmuta de algo meramente personal a un beneficio de la marginalidad. Es decir el modo en que el político asume sus costos es a través de una transferencia donde los otros asumen que es su deber defender la causa que este pregona, el político socializa sus costos y capitaliza las ganancias de modo individual para acrecentar el poder que ya ejerce.

Las herramientas del poder son tan diversas como la capacidad del político de proyectar su propia personalidad en tantos ámbitos como el actuar humano tiene; desde la rudimentaria fuerza física para ejercer violencia, hasta como la sutil capacidad de seducir al otro con el mero encanto personal. Todas las herramientas del político asumen y ejercen algún tipo de coacción, ello implica que toda actitud externada involucra un discurso con origen, fin y propósito; el político no conversa ni externa su verdadero sentir ni actuar (es posible que lo desconozca) sin embargo conoce el peso y fin específico de sus actos e ideas externadas. Todas ellas juegan con un sentido de la moralidad que media con la razón de los otros a través de despertar una contradicción sobre el propio sentido de la vida o del deber ser. En si el político abusa del sentido común de los otros pues es capaz de asimilar la coyuntura sin ser parte de ella; es decir el político no asume a la moralidad establecida como un valor absoluto que le involucre restricciones en su actuar; pero conoce y percibe la mayoría de las restricciones que definen la idiosincrasia de su rebaño. Conoce las reglas del juego, las usa, las ejecuta, pero jamás les otorga un valor que involucre para si mismo un freno en su actuar.

Quizá se suele asumir de modo instantáneo que el político sólo tiene como escenario la arena de la política pública, sin embargo el ser político vive en la cotidianeidad e incluso en el mismo actuar romántico del hombre (ser humano), ¿pues que acaso no es el matrimonio una institución política? el erotismo, la seducción y el enamoramiento, ¿son o no herramientas políticas de la libido?

Hay política en el lecho, en la mesa, en el romance y en el matrimonio, los amantes se seducen y convencen con argumentos de poder, que usualmente no saben manejar, ¿pues que acaso los celos no son el fracaso de toda argumentación política? y en este caso el amor no es más que un medio donde el fin es poseer destino del otro. Al igual que la ley tiene como objetivo restringir los deseos y medios de los gobernados.

El político tiene un juego, en el cual las reglas sólo existen para los demás y donde él es el único que posee la calidad moral para promulgar nuevas o para vetar las viejas, el propósito del político es mediar entre sus intereses y realidades usando como cuña su propio sentido de la moralidad. Esto es corrompiendo el sistema que le es contemporáneo diluyendo el poder de los que ya se habían establecido, la renovación es simplemente la nueva imposición de cánones y parámetros cuya utilidad es deslegitimizar el poder vigente e imponer de este modo el propio deseo.

¿Cuál es el motor del político? ¿De donde proceden sus motivaciones? Sólo el ego, la vanidad y las neurosis adquiridas en la infancia son lo suficientemente insaciables como para permitirle a un ser actuar incesantemente conforme al fin preestablecido. Es porque todo aquel ser que lleva al límite alguna de sus dimensiones, ha encontrado en ella la máxima de la satisfacciones y la más excitante de las ocupaciones.

Sólo otro político es capaz de dimensionar a otro político; competir en el juego y así no ser una ficha mas en el tablero donde se dirime quién tiene mayor capacidad de dominar en alguna coyuntura. En la cotidianeidad la política tiende a no percibirse, sin embargo está presente en cada una de la facetas que el ser humano ejerce.

08 junio 2005

Determinación

Existen siete pecados capitales (Gula, Avaricia, Envidia, Lujuria, Orgullo, Ira, Pereza) y siete virtudes, cuatro son las cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y tres las teologales (fe, esperanza y caridad); pero para mí existe una virtud superior a estas y es la determinación.

El hombre es un animalito del señor igualito a todos los demás, excepto en el uso superior de la razón, esta razón la llamamos inteligencia y en ella hemos fundamentado el desarrollo de nuestra especie, usamos herramientas creadas por nosotros mismos y tenemos un lenguaje escrito y oral que nos permite mantener un registro de nuestra historia, tenemos memoria histórica. Pero, como los demás animalitos, el canijo instinto nos tienta constantemente a obedecer la ley del mínimo esfuerzo y la búsqueda irrestricta del placer, parte de nuestro desarrollo social se ha visto beneficiado por este instinto -cualquiera que haya dormido alguna vez en el piso agradece la existencia del colchón- y por otra parte se ve seriamente dañada. El placer hedónico nos lleva al vicio, los vicios -cualquiera que sean: sexuales, drogas, etc.- son modos de alejarnos de la apabullante realidad, son modos de aislarnos de nuestro problemas y hacer como que no existen.

Para tener vicios existen infinidad de pretextos, por ejemplo: el cigarro tiene como uso frecuente calmar el stress; el ser beato es un modo de excusar nuestro destino en un dios inexistente y no asumirlo como el producto de nuestros actos. Entonces ¿de donde nos viene la fuerza para ser, para existir? ¿de adentro o de afuera de nosotros mismos?. Hay quienes confunden la fuerza interior con un ego superdesarrollado, éste es un vicio extremo, es un pecado capital es la soberbia y vanidad, el ego es totalmente distinto a la autoestima; que es saberse valioso en sí por aquello que valoramos en los otros, por lo tanto en nosotros mismos; es sabernos capaces de desarrollar al máximo nuestra virtudes y ser fuertes día con día para lograr nuestro objetivos: todo lo anterior es la autodeterminación, es una virtud positiva, deriva de la razón.

Los grandes hombres son aquellos que han sido bastos en autodeterminación, aquellos que saben forjar su destino con base en el trabajo, en la constancia, en la disciplina, en el estudio, la reflexión y la perseverancia: en saber que todo lo que desean lograr estará en función de su propio esfuerzo. Hay grandes hombres con ideales superiores y hay otros con falsos ideales. La determinación puede estar falsamente fundamentada.

Los grandes hombres han dejado esperanza y fe en la humanidad, entre ellos encontramos: C. Lindenberg, A. Hitler, Lenin, Kant, Zapata, E. Calles y un sin fin de hombres que con su determinación, correcta o equivocada, formaron cabalmente su destino, cambiaron su mundo, el mundo.
La pasividad del hombre es el gran freno del progreso, es el modo más estúpido de negarnos a nosotros mismos la posibilidad de crear nuestro propio destino. Para ser los hombres que deseamos ser sólo nos hace falta determinación.

29 marzo 2005

Sobre el Ingeniero

La vida suele ser tramposa, por un lado nos da oportunidades que cambian nuestra vida y por otro nos llega a generar culpas o compromisos tácitos que limitan nuestra expresión.}

Ayer publicaba Denise Dresser en su columna del Reforma sobre “el innombrable” refiriéndose a Carlos Slim, decía que este y su poder económico mueven esferas por encima del poder de la legalidad y de lo democrático, que tiene influencia en la toma de decisiones nacionales y que los privilegios de los que ha gozado en los últimos veinte años han hecho del él el hombre más rico de Latinoamérica y el cuarto del mundo; con sus 23.8 mil millones de dólares puede y hace casi todo lo que quiere.

Yo conozco al Ingeniero, lo he saludado de mano, he estado en su oficina y tengo una foto perdida en algún lado donde estoy junto a él, sí lo conozco porque gracias a él mi vida cambió de un modo muy importante, pues me dio la oportunidad de ser becario de la Fundación Telmex. Dicha beca no sólo fue un salario mínimo en efectivo al mes, que compro algunos libros y varias entradas al cine, fue la posibilidad de conocer a gente extraordinaria, amigos para toda la vida, gente que tocó mi vida de un modo u otro y me transformó. Mis primeros empleos, un viaje al evento anual del American Academy of Achivement que me abrió otros horizontes, la posibilidad de imaginar otras alternativas para mi vida, muchas y muy distintas circunstancias que gracias a él hoy me hacen, creo yo, un mejor hombre y un mejor mexicano.

Hay quienes creen que yo estoy resentido con la Fundación que por “alguna extrañan razón” tengo rencor contra ella y que he dejado de valorar todo lo anterior que he mencionado (entre otras muchas cosas), cosas más falsa no existe y muy al contrario, en lo personal siento que debo mucho por esa oportunidad; además, tal vez, hubo un pequeño momento en que una llamada suplicante pudo haberme permitido continuar con el privilegio de ser becario, nunca la hice pues sentí que ya había recibido demasiado y que ya no venía al caso volver a pedir.

Pero con el Ingeniero sucede lo mismo que con las formas de gobierno según Aristóteles, ni la democracia ni la aristocracia son las mejores pero tampoco pueden convertirse en las peores y la mejor que es el caso de la monarquía cuando existe un “buen rey” puede resultar la peor si se convierte en un dictador.

Pues yo creo que el Ingeniero es como un buen rey, un hombre que pienso es el más patriota de los mexicanos vivos, el primero en decir yo hago esto por mi país, el único que gasta sus millones en desarrollo social ha gran escala y el único que no se ufana diciéndolo, creo lo hace de corazón, es un hombre cuyos monopolios sirven de en parte para hacer redistribución de la riqueza y aún más importante creación de la misma; es quién le aporta más ingresos al Estado vía impuestos después de PEMEX y quien ha transformado el concepto de hombre de negocios en México. Sí eso creo respecto a él, creo que sus hijos comparten esos valores e ideales que él tiene y por ello creo también que por algún tiempo estamos a salvo.

Pero el lado malo es que el Ingeniero no es eterno y que si bien su patriotismo es útil por ahora, por otro lado genera muy grandes costos a largo plazo, por un lado Telmex es una concesión del Estado y además las redes de comunicaciones son públicas, esto quiere decir que aún cuando hallan sido pagadas con inversión y recursos particulares el acceso a ellas debe ser libre, ello permite eficientar el mercado, reducir costos, ampliar coberturas y tener ahorros sociales de escala que benefician al país. Cuando las vías de comunicación se hacen privadas se multiplican infraestructuras y eso aumenta los costos, cuando se dominan los mercados se ejercen monopolios u oligopolios que hacen a las empresas ineficientes, que disminuyen la riqueza de la sociedad y que genera una pérdida irrecuperable del bienestar.

Sí, yo estoy agradecido con el Ingeniero y con sus proyectos sociales pero, sé como economista que todo aquello que él da no compensa la pérdida económica que le produce al país el poder monopólico que tienen sus conglomerados empresariales pues nos aleja de un mejor nivel de competencia, productividad y desarrollo económico.