21 enero 2009
07 enero 2009
El seductor de la patria
Hay distintos modos de apreciar y entender la vida y los actos propios. Muchas veces es difícil distinguir la realidad del propio acto histriónico. La vida es una fábula que nadie es capaz de leer en un sólo fascículo.
La historia mexicana está llena de pasajes y personajes que han edificado tanto nuestra idiosincrasia histórica como el devenir de la nación, México como tal es un país joven aun cuando tenga milenarias raíces. La historia le ha guardado a Antonio López de Santa Anna un lugar muy especial, el de traidor de traidores y vende patrias.
Sin embargo como todo proceso histórico el protagonista no es el único involucrado en la consecuencia de los hechos históricos. La biografía novelada que hace Enrique Serna respecto a su “alteza serenísima” permite la reflexión de varias facetas de la personalidad de aquel hombre que para bien o para mal marcó a México en una época en la cual la independencia intentaba consolidarse.
La reflexión de la lectura me deja una idea de lo mucho que la cultura y la política mexicana siguen pareciéndose a la de aquella época, es más, el cómo los estamentos y las clases sociales continúan siendo el gran diferenciador entre los habitantes de estos casi dos millones de kilómetros cuadrados de planeta que llamamos México.
En vísperas del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución yace una gran pregunta… ¿Qué hemos hecho en dos siglos de vida independiente? ¿Lo que se pudo?
En la cotidianeidad los mexicanos no pueden reflexionar su historia porque la urgencia de la subsistencia domina sobre la introspección. Pero de aquellos que tenemos el privilegio de usar nuestro tiempo en leer y pensar, ¿Qué lecciones podemos resumir de estos dos siglos? y ¿A qué punto debemos llevar a esta gente que vive aquí?
México ha carecido de un proyecto de nación de largo plazo, en dos siglos hemos avanzado, pero el avance ha sido pobre. No sólo son los gobernantes, somos los mexicanos en general los que no hemos hecho la tarea de sacar a nuestra nación adelante y por encima de nuestras propias expectativas, México es un país rico en recursos pero pobre en proyectos y sueños de gran calado. Dicha pobreza está en nuestras mentes.

01 diciembre 2008
10 julio 2007
20 mayo 2007
Alguna vez en una conferencia, en la Fundación TELMEX, Enrique Krauze afirmó que estar en los veinte era el momento para ensayar y cometer errores en la vida. Pues pasado ese momento de la primera juventud sólo se deben cometer aciertos; dado que no habrá en el futuro de nuestras vidas una nueva oportunidad de equivocarnos tranquilamente. Tal vez en la juventud de Krauze esto fue muy cierto, porque los ensayos eran mucho menores cuando los horizontes, aunque difíciles de alcanzar, eran definidos y visibles; ahora me parece son mayores los escenarios a vislumbrar en la vida y el mundo actual el futuro es más incierto que antes.
En el amor todos se equivocan; antes las relaciones tenían un marco más definido y sensato, o tenías novia o no; ahora, debo confesar que ya he pasado por los convenios más exóticos en lo que refiere a relaciones románticas, lo cual exige que uno tenga más recursos emocionales para solventar las encrucijadas que aparecen en la vida. Un noviazgo largo ya no lleva a un matrimonio, vivir en pareja no es estar en unión libre y tener sexo llega a ser tan trivial como tomar café o ir al cine con una amiga recién conocida.
Es por ello que todos se equivoca, se equivocan los que tienen relaciones largas y estables porque no han conocido otras opciones, se equivocan los que luchan por un sólo amor cuando el mercado es de competencia perfecta, se equivocan los promiscuos porque banalizan algo que debiera ser exclusivo y especial; todos nos equivocamos incluso los que probamos de todo porque al final nos quedamos con la duda respecto a cual fue la mejor opción; tal vez no la existe, porque fueron sólo ensayos.
Alguna vez el Dr. Konzevik me dijo que en mi vida laboral, en promedio, cambiaría 3 o 4 veces de profesión, se equivocó, he cambiado ya tres veces sin haberme titulado de ninguna todavía, es decir muy probablemente serán más de las que predijo. La ventaja es que ahora sé hacer cosas de más de una rama del conocimiento, la desventaja es que no soy especialista en nada, lo cual repercute en mi ingreso. Sin embargo puede ser que no me haya equivocado, pues de ser cierta la predicción de mi futurólogo favorito los todólogos tendremos una misión muy importante en el futuro, integrar el conocimiento. Es decir en este tema también todos se equivocan, los que se convierten en especialistas antes de los treinta cuando su especialidad será obsoleta antes de que cumplan 35, los todólogos porque no verán capitalizado su esfuerzo antes de los 35 y los que se dedicaron a la vida bohemia también cometieron un error porque nadie estará dispuesto a darles un peso por hacer nada.
La vida es de ensayo y error, pero llega un momento en el cual si los errores son muchos, la vida se convierte en un caos. ¿Cómo encontrar el punto de equilibrio en un mundo donde los horizontes son tan difusos? Los jóvenes del 68 ahora son hombres cercanos a los 60 años y su mayor preocupación es respecto a sus pensiones de jubilación; para los jóvenes de inicio de este milenio nuestra mayor preocupación es cómo definir un horizonte claro en un mundo tan cambiante. ¿Acaso tendremos que dejar este asunto en manos de la probabilidad y la estadística apuntando a un multiobjetivo y disparando con una escopeta con la esperanza de minimizar los máximos riesgos?
Si es así todos estamos equivocados y nos seguiremos equivocando.
29 marzo 2005
La vida suele ser tramposa, por un lado nos da oportunidades que cambian nuestra vida y por otro nos llega a generar culpas o compromisos tácitos que limitan nuestra expresión.}
Ayer publicaba Denise Dresser en su columna del Reforma sobre “el innombrable” refiriéndose a Carlos Slim, decía que este y su poder económico mueven esferas por encima del poder de la legalidad y de lo democrático, que tiene influencia en la toma de decisiones nacionales y que los privilegios de los que ha gozado en los últimos veinte años han hecho del él el hombre más rico de Latinoamérica y el cuarto del mundo; con sus 23.8 mil millones de dólares puede y hace casi todo lo que quiere.
Yo conozco al Ingeniero, lo he saludado de mano, he estado en su oficina y tengo una foto perdida en algún lado donde estoy junto a él, sí lo conozco porque gracias a él mi vida cambió de un modo muy importante, pues me dio la oportunidad de ser becario de la Fundación Telmex. Dicha beca no sólo fue un salario mínimo en efectivo al mes, que compro algunos libros y varias entradas al cine, fue la posibilidad de conocer a gente extraordinaria, amigos para toda la vida, gente que tocó mi vida de un modo u otro y me transformó. Mis primeros empleos, un viaje al evento anual del American Academy of Achivement que me abrió otros horizontes, la posibilidad de imaginar otras alternativas para mi vida, muchas y muy distintas circunstancias que gracias a él hoy me hacen, creo yo, un mejor hombre y un mejor mexicano.
Hay quienes creen que yo estoy resentido con la Fundación que por “alguna extrañan razón” tengo rencor contra ella y que he dejado de valorar todo lo anterior que he mencionado (entre otras muchas cosas), cosas más falsa no existe y muy al contrario, en lo personal siento que debo mucho por esa oportunidad; además, tal vez, hubo un pequeño momento en que una llamada suplicante pudo haberme permitido continuar con el privilegio de ser becario, nunca la hice pues sentí que ya había recibido demasiado y que ya no venía al caso volver a pedir.
Pero con el Ingeniero sucede lo mismo que con las formas de gobierno según Aristóteles, ni la democracia ni la aristocracia son las mejores pero tampoco pueden convertirse en las peores y la mejor que es el caso de la monarquía cuando existe un “buen rey” puede resultar la peor si se convierte en un dictador.
Pues yo creo que el Ingeniero es como un buen rey, un hombre que pienso es el más patriota de los mexicanos vivos, el primero en decir yo hago esto por mi país, el único que gasta sus millones en desarrollo social ha gran escala y el único que no se ufana diciéndolo, creo lo hace de corazón, es un hombre cuyos monopolios sirven de en parte para hacer redistribución de la riqueza y aún más importante creación de la misma; es quién le aporta más ingresos al Estado vía impuestos después de PEMEX y quien ha transformado el concepto de hombre de negocios en México. Sí eso creo respecto a él, creo que sus hijos comparten esos valores e ideales que él tiene y por ello creo también que por algún tiempo estamos a salvo.
Pero el lado malo es que el Ingeniero no es eterno y que si bien su patriotismo es útil por ahora, por otro lado genera muy grandes costos a largo plazo, por un lado Telmex es una concesión del Estado y además las redes de comunicaciones son públicas, esto quiere decir que aún cuando hallan sido pagadas con inversión y recursos particulares el acceso a ellas debe ser libre, ello permite eficientar el mercado, reducir costos, ampliar coberturas y tener ahorros sociales de escala que benefician al país. Cuando las vías de comunicación se hacen privadas se multiplican infraestructuras y eso aumenta los costos, cuando se dominan los mercados se ejercen monopolios u oligopolios que hacen a las empresas ineficientes, que disminuyen la riqueza de la sociedad y que genera una pérdida irrecuperable del bienestar.
Sí, yo estoy agradecido con el Ingeniero y con sus proyectos sociales pero, sé como economista que todo aquello que él da no compensa la pérdida económica que le produce al país el poder monopólico que tienen sus conglomerados empresariales pues nos aleja de un mejor nivel de competencia, productividad y desarrollo económico.
