Sobre el Ingeniero
La vida suele ser tramposa, por un lado nos da oportunidades que cambian nuestra vida y por otro nos llega a generar culpas o compromisos tácitos que limitan nuestra expresión.}
Ayer publicaba Denise Dresser en su columna del Reforma sobre “el innombrable” refiriéndose a Carlos Slim, decía que este y su poder económico mueven esferas por encima del poder de la legalidad y de lo democrático, que tiene influencia en la toma de decisiones nacionales y que los privilegios de los que ha gozado en los últimos veinte años han hecho del él el hombre más rico de Latinoamérica y el cuarto del mundo; con sus 23.8 mil millones de dólares puede y hace casi todo lo que quiere.
Yo conozco al Ingeniero, lo he saludado de mano, he estado en su oficina y tengo una foto perdida en algún lado donde estoy junto a él, sí lo conozco porque gracias a él mi vida cambió de un modo muy importante, pues me dio la oportunidad de ser becario de la Fundación Telmex. Dicha beca no sólo fue un salario mínimo en efectivo al mes, que compro algunos libros y varias entradas al cine, fue la posibilidad de conocer a gente extraordinaria, amigos para toda la vida, gente que tocó mi vida de un modo u otro y me transformó. Mis primeros empleos, un viaje al evento anual del American Academy of Achivement que me abrió otros horizontes, la posibilidad de imaginar otras alternativas para mi vida, muchas y muy distintas circunstancias que gracias a él hoy me hacen, creo yo, un mejor hombre y un mejor mexicano.
Hay quienes creen que yo estoy resentido con la Fundación que por “alguna extrañan razón” tengo rencor contra ella y que he dejado de valorar todo lo anterior que he mencionado (entre otras muchas cosas), cosas más falsa no existe y muy al contrario, en lo personal siento que debo mucho por esa oportunidad; además, tal vez, hubo un pequeño momento en que una llamada suplicante pudo haberme permitido continuar con el privilegio de ser becario, nunca la hice pues sentí que ya había recibido demasiado y que ya no venía al caso volver a pedir.
Pero con el Ingeniero sucede lo mismo que con las formas de gobierno según Aristóteles, ni la democracia ni la aristocracia son las mejores pero tampoco pueden convertirse en las peores y la mejor que es el caso de la monarquía cuando existe un “buen rey” puede resultar la peor si se convierte en un dictador.
Pues yo creo que el Ingeniero es como un buen rey, un hombre que pienso es el más patriota de los mexicanos vivos, el primero en decir yo hago esto por mi país, el único que gasta sus millones en desarrollo social ha gran escala y el único que no se ufana diciéndolo, creo lo hace de corazón, es un hombre cuyos monopolios sirven de en parte para hacer redistribución de la riqueza y aún más importante creación de la misma; es quién le aporta más ingresos al Estado vía impuestos después de PEMEX y quien ha transformado el concepto de hombre de negocios en México. Sí eso creo respecto a él, creo que sus hijos comparten esos valores e ideales que él tiene y por ello creo también que por algún tiempo estamos a salvo.
Pero el lado malo es que el Ingeniero no es eterno y que si bien su patriotismo es útil por ahora, por otro lado genera muy grandes costos a largo plazo, por un lado Telmex es una concesión del Estado y además las redes de comunicaciones son públicas, esto quiere decir que aún cuando hallan sido pagadas con inversión y recursos particulares el acceso a ellas debe ser libre, ello permite eficientar el mercado, reducir costos, ampliar coberturas y tener ahorros sociales de escala que benefician al país. Cuando las vías de comunicación se hacen privadas se multiplican infraestructuras y eso aumenta los costos, cuando se dominan los mercados se ejercen monopolios u oligopolios que hacen a las empresas ineficientes, que disminuyen la riqueza de la sociedad y que genera una pérdida irrecuperable del bienestar.
Sí, yo estoy agradecido con el Ingeniero y con sus proyectos sociales pero, sé como economista que todo aquello que él da no compensa la pérdida económica que le produce al país el poder monopólico que tienen sus conglomerados empresariales pues nos aleja de un mejor nivel de competencia, productividad y desarrollo económico.
29 marzo 2005
20 enero 2005
Ideales y economía
La economía es un orden productivo, es el como los individuos organizan sus actividades en función del tiempo disponible, el como asignan recursos materiales y temporales a cada actividad, principalmente ocio y producción. Dentro de un orden social primero se define el orden político, ya sea una estructura patriarcal, tribal, un Estado, etc.; dicho orden finca jerarquías, legitima poderes y delimita funciones, también, el uso y posesión de los recursos.
Para quienes han leído Cien Años de Soledad pueden recordar la fundación de Macondo, primero un caserío que los padres fundadores edificaron por no poder llegar más cerca del mar, pues desconocían donde se encontraba, ubicaron entones a Macondo cerca de un río en una ciénega. En un principio tenían una economía de autosustento, las pocas familias que fundaron el pueblo resolvían sus necesidades con la agricultura y la caza y, con muy escasa ganadería. Así pasaron muchas décadas, con escasísima comunicación, salvo los gitanos que solían ir cada año Macondo estaba incomunicado; hasta que la vuelta de destino los hizo encontrar rutas con otros pueblos relativamente cercanos.
Con la comunicación llegó el comercio, la innovación, los nuevos inventos y costumbres; paulatinamente Macondo pasó de ser un caserío a ser un pueblo, que creció y se enriqueció por el dinamismo de sus lugareños; macondo se fue abriendo en pocas décadas al mundo, a través de caminos, luego trenes, luego telégrafos, con ello llegaron compañías extranjeras y extranjeros.
Los periodos de guerra fatigaban a la población y la diezmaban, imponían regímenes autoritarios, que sucedieron cuando los nativos se oponían a un gobierno centralizado, fue cuando se reformó el orden político, junto con los extranjeros llegaron los favoritismos y los abusos, que incitaron a la gente a pelear y defender sus derechos. Pero Macondo sufrió además del infortunio de la comunicación y el progreso, el de la naturaleza, una lluvia bíblica destruyó todo, por años llovió, se deslavaron los caminos, se descarrilaron los ferrocarriles, se arruinó la compañía bananera y las casas se pudrieron y desmoronaron. Macondo sufrió un diluvio de cuatro años, en el cual nada quedo, ni el espíritu emprendedor y animoso de sus pobladores.
Así sucedió la historia económica de Macondo, que junto con la de los Buendía narra Gabriel García Márquez, pero este delicioso ejemplo muestra como los hombres y sus sociedades, junto con sus circunstancias, políticas y físicas, desarrollan un modo de vivir. El detalle del como sucede estos engranajes es muy denso, es algo que no sólo la Economía aborda, pues por un lado la sociología, la ciencia política, la psicología y demás ciencias sociales se esfuerzan en analizar.
Pensando en el caso de México, que muy distinto a cualquier otro y también muy igual, porque todas las adversidades de la vida individual y social suceden muy similarmente a todos los hombres del mundo, pero lo que los distingue no es lo que sufren ni el como, sino como lo asimilan en su vida cotidiana, como interpretan la adversidad y se sobreponen a ella. Los pueblos pueden ser diezmados, azotados por el dedo de Dios, pero son las ideas, los ideales y los sueños de los hombres los que hacen que ello resulte en un derrumbe emocional o no.
Sí, son las emociones las que determinan el como los hombres se construyen a sí mismos y a sus sociedades, diría Felipe González “donde no hay fortaleza emocional no hay liderazgo”. Pues la vida para nadie es fácil y, ello mismo es la adversidad; pero el triunfo económico, el social y el político no depende buenas o malas circunstancias, sino de grandes o pobres ideales y convicciones.
Los padres fundadores de Norteamérica llegaron ahí soñando en fundar un nuevo Israel, pensaron que esas tierras incultas serían para ellos la oportunidad de construir una sociedad ejemplar y virtuosa, con hombres virtuosos y magníficos. Igualmente pasó con los constituyentes de la primera república federal mexicana, supieron que como sociedad tendrían una nueva oportunidad de reinventarse, de rehacerse así mismos, ello se hace evidente en las primeras constituciones, en las cuales la prioridad era promover una educación para todos los ciudadanos, de tal modo que cada uno pudiese ser para sí mismo y para el país un mejor hombre; con ideales y valores superiores.
La economía sucede como la vida misma, no depende de lo que hay afuera, sino de lo que los hombres viven en sus mentes, las sociedades logran transformaciones cuando sus hombres se transforman, cuando los ideales se siguen con determinación, convicción, congruencia, disciplina, fortaleza y templanza. Las sociedades viciosas lo son porque sus hombres son viciosos. La pobreza y miseria no es solamente una condición material, sino principalmente una condición espiritual.
La economía es un orden productivo, es el como los individuos organizan sus actividades en función del tiempo disponible, el como asignan recursos materiales y temporales a cada actividad, principalmente ocio y producción. Dentro de un orden social primero se define el orden político, ya sea una estructura patriarcal, tribal, un Estado, etc.; dicho orden finca jerarquías, legitima poderes y delimita funciones, también, el uso y posesión de los recursos.
Para quienes han leído Cien Años de Soledad pueden recordar la fundación de Macondo, primero un caserío que los padres fundadores edificaron por no poder llegar más cerca del mar, pues desconocían donde se encontraba, ubicaron entones a Macondo cerca de un río en una ciénega. En un principio tenían una economía de autosustento, las pocas familias que fundaron el pueblo resolvían sus necesidades con la agricultura y la caza y, con muy escasa ganadería. Así pasaron muchas décadas, con escasísima comunicación, salvo los gitanos que solían ir cada año Macondo estaba incomunicado; hasta que la vuelta de destino los hizo encontrar rutas con otros pueblos relativamente cercanos.
Con la comunicación llegó el comercio, la innovación, los nuevos inventos y costumbres; paulatinamente Macondo pasó de ser un caserío a ser un pueblo, que creció y se enriqueció por el dinamismo de sus lugareños; macondo se fue abriendo en pocas décadas al mundo, a través de caminos, luego trenes, luego telégrafos, con ello llegaron compañías extranjeras y extranjeros.
Los periodos de guerra fatigaban a la población y la diezmaban, imponían regímenes autoritarios, que sucedieron cuando los nativos se oponían a un gobierno centralizado, fue cuando se reformó el orden político, junto con los extranjeros llegaron los favoritismos y los abusos, que incitaron a la gente a pelear y defender sus derechos. Pero Macondo sufrió además del infortunio de la comunicación y el progreso, el de la naturaleza, una lluvia bíblica destruyó todo, por años llovió, se deslavaron los caminos, se descarrilaron los ferrocarriles, se arruinó la compañía bananera y las casas se pudrieron y desmoronaron. Macondo sufrió un diluvio de cuatro años, en el cual nada quedo, ni el espíritu emprendedor y animoso de sus pobladores.
Así sucedió la historia económica de Macondo, que junto con la de los Buendía narra Gabriel García Márquez, pero este delicioso ejemplo muestra como los hombres y sus sociedades, junto con sus circunstancias, políticas y físicas, desarrollan un modo de vivir. El detalle del como sucede estos engranajes es muy denso, es algo que no sólo la Economía aborda, pues por un lado la sociología, la ciencia política, la psicología y demás ciencias sociales se esfuerzan en analizar.
Pensando en el caso de México, que muy distinto a cualquier otro y también muy igual, porque todas las adversidades de la vida individual y social suceden muy similarmente a todos los hombres del mundo, pero lo que los distingue no es lo que sufren ni el como, sino como lo asimilan en su vida cotidiana, como interpretan la adversidad y se sobreponen a ella. Los pueblos pueden ser diezmados, azotados por el dedo de Dios, pero son las ideas, los ideales y los sueños de los hombres los que hacen que ello resulte en un derrumbe emocional o no.
Sí, son las emociones las que determinan el como los hombres se construyen a sí mismos y a sus sociedades, diría Felipe González “donde no hay fortaleza emocional no hay liderazgo”. Pues la vida para nadie es fácil y, ello mismo es la adversidad; pero el triunfo económico, el social y el político no depende buenas o malas circunstancias, sino de grandes o pobres ideales y convicciones.
Los padres fundadores de Norteamérica llegaron ahí soñando en fundar un nuevo Israel, pensaron que esas tierras incultas serían para ellos la oportunidad de construir una sociedad ejemplar y virtuosa, con hombres virtuosos y magníficos. Igualmente pasó con los constituyentes de la primera república federal mexicana, supieron que como sociedad tendrían una nueva oportunidad de reinventarse, de rehacerse así mismos, ello se hace evidente en las primeras constituciones, en las cuales la prioridad era promover una educación para todos los ciudadanos, de tal modo que cada uno pudiese ser para sí mismo y para el país un mejor hombre; con ideales y valores superiores.
La economía sucede como la vida misma, no depende de lo que hay afuera, sino de lo que los hombres viven en sus mentes, las sociedades logran transformaciones cuando sus hombres se transforman, cuando los ideales se siguen con determinación, convicción, congruencia, disciplina, fortaleza y templanza. Las sociedades viciosas lo son porque sus hombres son viciosos. La pobreza y miseria no es solamente una condición material, sino principalmente una condición espiritual.
17 enero 2005
Priscila...
Toda historia comienza con un nombre; Priscila es el nombre de la prima de una amiga que tuve en Fundación Telmex, la conocí por oídas, mis cuates me habían comentado que esta amiga tenía un prima muy guapa, yo, obviamente, solicite a dicha amiga propiciar un encuentro; así sucedió. Resultó que la cita fue concertada con aprobación visual de Priscila y el encuentro se realizó durante el festejo de cumpleaños de dicha amiga.
Priscila era una niña que hace cuatro años iba a cumplir 16, en el antro, donde se realizó la cita, ella parecía todo menos una quinceañera: era muy bonita, un cuerpo bien desarrollado y tenía una simple y cándida personalidad. Después del primer encuentro quedamos a comer el fin de semana siguiente; mis habilidades de Don Juan fracasaron ese día, pues era evidente que mi sofisticación le resultó más que aburrida. Ya después de la comida en la Condesa, le invité el postre en mi departamento, sucedió que ya en la plática nos besamos, yo como todo un experimentado Don Juan de 21 años procedí a besarla con experimentada pasión; ¡ohh! gran sorpresa, ella me dio el beso más lindo, tierno e infantil que he recibido en toda mi vida; fue una cubetada de agua helada que me devolvió a la realidad de la sutil pero gran diferencia de edades.
Priscila pasó automáticamente a la historia, definí que las niñas no eran para mí.
Pero el nombre de Priscila trascendió; fue en mi primer semestre en el ITAM una noche camino a periférico por el callejón de Río Hondo cuando vi un pequeño gato blanco que maullaba de miedo y hambre, sentí un gran impulso de adoptarlo, pero cuando lo tomé y caminé hasta periférico los sonidos de estruendo de los autos lo espantaron y huyó. Sucedió que el destino nos tenía esperando otra oportunidad, pues dos días después la escena se repitió; esta vez no dudé de encerrarlo en mi mochila hasta llegar a mi departamento en San Pedro de los Pinos.
Ya en casa lo liberé, por miedo huyó rápido a esconderse bajo el refrigerador y ahí estuvo varias horas, hasta que logré sacarlo, averiguar si era gato o gata y cuando lo supe inmediatamente la bauticé con el nombre de Priscila. Todo el mundo me preguntó por qué le puse ese nombre; mi respuesta era evasiva, pues la verdad es que la gata me inspiró una ternura enorme, su miedo, fragilidad y simpleza me recordaron a aquella adolescente que me enseño que los besos pueden ser tiernos, lindos, tímidos e inseguros; por eso le impuse ese nombre, no por una burla, sino homenaje.
La gatosa Priscila era hermosa, pequeña de ojos verdes, pelaje totalmente blanco, nariz y patas rosadas; delgada y frágil del estómago. Priscila fue mi compañera fiel durante un año y medio, se despedía de mi todas las mañanas sentada en el banco que estaba junto a la puerta de salida; me oía llegar antes de que subiera las escaleras y me esperaba en la puerta, en ocasiones me veía por la ventana y después corría a la puerta para recibirme. El amor por mi gata me hizo superar mi larga alergia a los gatos, las primeras semanas fueron difíciles de superar, pero después ya no tuve ningún malestar; fue algo casi mágico.
Priscila era cautiva de mi, no la dejé salir jamás y eso la hacía muy solitaria, lo hacía porque tenía un miedo enorme a perderla. Ella lo acepto con cierto estoicismo; y creamos un bello vínculo; Priscila se adaptó a mis horarios, cuando yo trabajaba en mi escritorio ella corría a sentarse en mis piernas, cuando no estaba se sentaba en mi silla y dormía por horas, en otras ocasiones se sentaba en mi lugar en mi sofá y a la hora de dormir se acurrucaba en mi cabeza durante el verano y en mi estómago en el invierno.
Priscila era fiel a Alicia, ellas dos se llevaban muy bien y tenían un pacto secreto, cuando yo llegaba a invitar a alguien más que no fuera Alicia al departamento, se comportaba huraña y agresiva, no simpatizó con nadie y yo rechacé propuestas amorosas que condicionaban la salida de Priscila de mi vida; Priscila era tierna sólo con mi mamá y Alicia, también con Tzeitel mi hermana, ninguna otra mujer recibió su aprobación.
Priscila huyó por la ventana en una ocasión, fue una semana muy cruel, yo sentí una enorme tristeza de sentirla perdida, no logré encontrarla y ya cuando me resignaba a haberla perdido una noche bajé a comprar algo a la tienda y ella estaba en la puerta esperando. Fue el momento más feliz que había tenido hasta entonces, la abracé con pasión y enojo, la regañé por haberse ido y la cepillé intensamente porque había vuelto gris. Priscila tenía un gato pretendiente, que la visitaba caminando por el tejado hasta la ventana más cercana; ese mismo gato la acompaño esa noche a la puerta de la casa y luego huyó.
La historia con Priscila tuvo un trágico final, justo cuando regresé a vivir a casa de mi mamá, ella enfermó de la piel, una especie de roña, al principio parecía algo sin importancia, la llevé al veterinario y le tuve que hacer unos lavados y aplicar unas cremas, pero empeoró, se rascaba frenéticamente hasta sangrarse, nuevamente el veterinario recomendó un tratamiento, le rapó las partes dañadas y le recetó inyecciones. Yo ejecuté el tratamiento, la cuidé con mucho amor, pero ella empeoró más, las medicinas le afectaron su ya débil estómago y dejó de comer, calló en hipotermia y cuando la volví a llevar al veterinario ya fue muy tarde, aun cuando se le aplicó suero vía intravenosa no logró superar el cuadro; tuvo un paro cardiaco que logró superar; luego empezó la agonía, estuvo varias horas así hasta que finalmente tuvo otro paro, sufría mucho y no quise que la veterinaria le resucitara nuevamente, pues era sólo prolongar su agonía. Priscila murió en mis brazos, en ese instante yo sentí la impotencia más grande de mi vida, rompí en llanto de dolor y frustración, la tomé entre mis manos por última vez y pedí que la cremaran.
Regresé a casa con la jaula vacía, la jaula que de noches era su cama, aguanté el llanto hasta estar en mi recámara y lloré amargamente por horas. Fue muy triste ese momento, le guardé un largo y triste luto, no quise sustituirla por otro gato y la extrañe muy intensamente por meses.
Ese momento lo retomé con reflexión, pensé que sería perder un hijo, me prometí no tener hijos hasta que tuviese dinero más que suficiente para proveerles todos los medios de salud y bienestar. Hoy en día en mi pared de las cosas a no olvidar está la medalla que tiene su nombre, nunca la usó, porque cuando la compré ella ya estaba enferma. Priscila fue un momento de mi vida, una necesidad emocional, un modo de darle un cariño a un ser que no le daba a nadie más, muchas personas, incluida Alicia sentían una especie de celos respecto a Priscila, mi devoción por ese pequeño animal era muy grande. No sé si eso haya sido por una extraña incapacidad para expresarle eso a algún congénere, o porque en ese momento, como ahora, no existía alguien que me inspirara algo tan intenso, bello y tierno como lo hacía Priscila.
Toda historia comienza con un nombre; Priscila es el nombre de la prima de una amiga que tuve en Fundación Telmex, la conocí por oídas, mis cuates me habían comentado que esta amiga tenía un prima muy guapa, yo, obviamente, solicite a dicha amiga propiciar un encuentro; así sucedió. Resultó que la cita fue concertada con aprobación visual de Priscila y el encuentro se realizó durante el festejo de cumpleaños de dicha amiga.
Priscila era una niña que hace cuatro años iba a cumplir 16, en el antro, donde se realizó la cita, ella parecía todo menos una quinceañera: era muy bonita, un cuerpo bien desarrollado y tenía una simple y cándida personalidad. Después del primer encuentro quedamos a comer el fin de semana siguiente; mis habilidades de Don Juan fracasaron ese día, pues era evidente que mi sofisticación le resultó más que aburrida. Ya después de la comida en la Condesa, le invité el postre en mi departamento, sucedió que ya en la plática nos besamos, yo como todo un experimentado Don Juan de 21 años procedí a besarla con experimentada pasión; ¡ohh! gran sorpresa, ella me dio el beso más lindo, tierno e infantil que he recibido en toda mi vida; fue una cubetada de agua helada que me devolvió a la realidad de la sutil pero gran diferencia de edades.
Priscila pasó automáticamente a la historia, definí que las niñas no eran para mí.
Pero el nombre de Priscila trascendió; fue en mi primer semestre en el ITAM una noche camino a periférico por el callejón de Río Hondo cuando vi un pequeño gato blanco que maullaba de miedo y hambre, sentí un gran impulso de adoptarlo, pero cuando lo tomé y caminé hasta periférico los sonidos de estruendo de los autos lo espantaron y huyó. Sucedió que el destino nos tenía esperando otra oportunidad, pues dos días después la escena se repitió; esta vez no dudé de encerrarlo en mi mochila hasta llegar a mi departamento en San Pedro de los Pinos.
Ya en casa lo liberé, por miedo huyó rápido a esconderse bajo el refrigerador y ahí estuvo varias horas, hasta que logré sacarlo, averiguar si era gato o gata y cuando lo supe inmediatamente la bauticé con el nombre de Priscila. Todo el mundo me preguntó por qué le puse ese nombre; mi respuesta era evasiva, pues la verdad es que la gata me inspiró una ternura enorme, su miedo, fragilidad y simpleza me recordaron a aquella adolescente que me enseño que los besos pueden ser tiernos, lindos, tímidos e inseguros; por eso le impuse ese nombre, no por una burla, sino homenaje.
La gatosa Priscila era hermosa, pequeña de ojos verdes, pelaje totalmente blanco, nariz y patas rosadas; delgada y frágil del estómago. Priscila fue mi compañera fiel durante un año y medio, se despedía de mi todas las mañanas sentada en el banco que estaba junto a la puerta de salida; me oía llegar antes de que subiera las escaleras y me esperaba en la puerta, en ocasiones me veía por la ventana y después corría a la puerta para recibirme. El amor por mi gata me hizo superar mi larga alergia a los gatos, las primeras semanas fueron difíciles de superar, pero después ya no tuve ningún malestar; fue algo casi mágico.
Priscila era cautiva de mi, no la dejé salir jamás y eso la hacía muy solitaria, lo hacía porque tenía un miedo enorme a perderla. Ella lo acepto con cierto estoicismo; y creamos un bello vínculo; Priscila se adaptó a mis horarios, cuando yo trabajaba en mi escritorio ella corría a sentarse en mis piernas, cuando no estaba se sentaba en mi silla y dormía por horas, en otras ocasiones se sentaba en mi lugar en mi sofá y a la hora de dormir se acurrucaba en mi cabeza durante el verano y en mi estómago en el invierno.
Priscila era fiel a Alicia, ellas dos se llevaban muy bien y tenían un pacto secreto, cuando yo llegaba a invitar a alguien más que no fuera Alicia al departamento, se comportaba huraña y agresiva, no simpatizó con nadie y yo rechacé propuestas amorosas que condicionaban la salida de Priscila de mi vida; Priscila era tierna sólo con mi mamá y Alicia, también con Tzeitel mi hermana, ninguna otra mujer recibió su aprobación.
Priscila huyó por la ventana en una ocasión, fue una semana muy cruel, yo sentí una enorme tristeza de sentirla perdida, no logré encontrarla y ya cuando me resignaba a haberla perdido una noche bajé a comprar algo a la tienda y ella estaba en la puerta esperando. Fue el momento más feliz que había tenido hasta entonces, la abracé con pasión y enojo, la regañé por haberse ido y la cepillé intensamente porque había vuelto gris. Priscila tenía un gato pretendiente, que la visitaba caminando por el tejado hasta la ventana más cercana; ese mismo gato la acompaño esa noche a la puerta de la casa y luego huyó.
La historia con Priscila tuvo un trágico final, justo cuando regresé a vivir a casa de mi mamá, ella enfermó de la piel, una especie de roña, al principio parecía algo sin importancia, la llevé al veterinario y le tuve que hacer unos lavados y aplicar unas cremas, pero empeoró, se rascaba frenéticamente hasta sangrarse, nuevamente el veterinario recomendó un tratamiento, le rapó las partes dañadas y le recetó inyecciones. Yo ejecuté el tratamiento, la cuidé con mucho amor, pero ella empeoró más, las medicinas le afectaron su ya débil estómago y dejó de comer, calló en hipotermia y cuando la volví a llevar al veterinario ya fue muy tarde, aun cuando se le aplicó suero vía intravenosa no logró superar el cuadro; tuvo un paro cardiaco que logró superar; luego empezó la agonía, estuvo varias horas así hasta que finalmente tuvo otro paro, sufría mucho y no quise que la veterinaria le resucitara nuevamente, pues era sólo prolongar su agonía. Priscila murió en mis brazos, en ese instante yo sentí la impotencia más grande de mi vida, rompí en llanto de dolor y frustración, la tomé entre mis manos por última vez y pedí que la cremaran.
Regresé a casa con la jaula vacía, la jaula que de noches era su cama, aguanté el llanto hasta estar en mi recámara y lloré amargamente por horas. Fue muy triste ese momento, le guardé un largo y triste luto, no quise sustituirla por otro gato y la extrañe muy intensamente por meses.
Ese momento lo retomé con reflexión, pensé que sería perder un hijo, me prometí no tener hijos hasta que tuviese dinero más que suficiente para proveerles todos los medios de salud y bienestar. Hoy en día en mi pared de las cosas a no olvidar está la medalla que tiene su nombre, nunca la usó, porque cuando la compré ella ya estaba enferma. Priscila fue un momento de mi vida, una necesidad emocional, un modo de darle un cariño a un ser que no le daba a nadie más, muchas personas, incluida Alicia sentían una especie de celos respecto a Priscila, mi devoción por ese pequeño animal era muy grande. No sé si eso haya sido por una extraña incapacidad para expresarle eso a algún congénere, o porque en ese momento, como ahora, no existía alguien que me inspirara algo tan intenso, bello y tierno como lo hacía Priscila.
12 enero 2005
El vicio
Dentro de la historia del pensamiento universal se encuentran muy distintas corrientes sobre los conceptos de virtud y vicio. Desde los epicúreos y hedonistas; hasta el New Age y el catolicismo mexicano junto con otras muchas y muy diversas corrientes; dentro de ellas se percibe con claridad que a los hombres les preocupa como manejar el placer en su vida cotidiana.
El hombre sufre una terrible dualidad entre su ser racional y su ser animal. La autoconciencia y la autorreflexión nos hacen percatarnos que podemos controlar nuestro instinto primitivo, poseernos y vivir un libre albedrío restringido por nuestra voluntad.
El primer tema es la virtud, ¿qué define esta palabra? La virtud es un comportamiento del hombre que resulta de la reflexión, es decir el hombre es tan virtuoso como su capacidad de elegir entre un modo de vida y otro después de haber definido un su propio parámetro. No es virtuoso aquel que sólo actúa el comportamiento; pues la verdadera virtud es un estado interior que se proyecta en todo lo que se hace. La virtud es un acto de constricción superior, pues implica una renuncia; el hombre virtuoso suele elegir aquello que requiere una fuerte voluntad para doblegar lo instintivo de su ser.
Existen ejemplos muy obvios del placer mundano que el hombre experimenta constantemente; pues es el placer el primer motor del impulso de vida, todos los seres vivos reaccionamos al placer y, en la búsqueda del mismo supervivimos. El instinto en muchos aspectos es placer puro, pues por instinto realizamos las actividades que consideramos básicas como individuos y aun más como especie. El acto de alimentarnos, reproducirnos, procurarnos refugio, etc.; son fundamentales para la vida. La vida individual es posible sin sexo, con un plato de avena y algunos litros de agua se puede vivir por siempre, con un pedazo de piel se puede uno abrigar bajo un árbol. Pero el hombre siempre busca más, más placer, mayor variedad de alimentos y sexo por el placer mismo y no por el afán reproductivo. De un modo u otro el placer es el motor del progreso, la creación de un paraíso hecho por el hombre, no por Dios.
Por el otro lado está la razón, la inteligencia, la auto reflexión. ¿Es el placer bueno? Usando la comida y el sexo como ejemplos, trataré de responder a la pregunta.
Al menos existen tres elementos para abordar el tema: el instinto, la reflexión y el porque racional del acto. Comer es vital, en un sentido instintivo sin alimento se muere, es por eso que el hombre tiende a comer cuanto puede, el cuerpo mismo está diseñado para almacenar energía en forma de grasas; la proclividad del cuerpo a engordar es resultado de proceso evolutivo, mientras más rápido se engorde más eficiente se es en la asimilación de energía. Lo anterior era muy útil cuando el hombre vivía con una inmensa incertidumbre sobre su futuro alimenticio, cuando la dependencia en la caza y la recolección hacía azarosa la existencia de alimentos. En la actualidad somos bastos en comida, si existe el hambre en el mundo no es por falta de capacidad productiva o sequías; sino por cuestiones financieras.
La alimentación ha evolucionado tanto como el hombre, hoy en día podemos encontrar mil variedades de chocolate, pan, carne, frutas y verduras, granos, grasas, etc.; por el arte de la refrigeración podemos disponer en cualquier temporada de cualquier alimento, con los cultivos transgénicos se puede sembrar cualquier cosa en cualquier lugar, pero tanto desarrollo tecnológico no sólo alimenta, sino que la variedad es transformada gula, la exquisitez hace que todo alimento se vuelva deseable.
El acto de comer es entonces no sólo vital, sino también racional, comemos porque lo necesitamos, lo deseamos, lo podemos y lo sofisticamos en la cocina. En el momento de hacer consiente la alimentación se realiza un acto de elección; ¿qué como? La elección puede ser tan golosa e inescrupulosa como la falta de voluntad y el tamaño de la barriga lo permita. Pero entonces al elegir se puede renunciar tanto a la variedad como a la cantidad; para los hombres de nuestra era es deseable y posible; entonces: ¿por qué no nos contenemos? ¿Por qué suele dominar la gula sobre la razón? Si hoy conocemos las consecuencias de la obesidad porque el 60% de la población en México tiene sobrepeso?
La respuesta es simple, por falta de voluntad y de reflexión al actuar. La fuerza de voluntad es una fuerza restrictiva del placer, es un acto de constricción superior, pues se compone de dos elementos: la reflexión sobre el acto realizable y la renuncia al dominio del instinto. Eso es lo que comprendo por virtud, el dominio del ser propio, el autocontrol, el dominio del instinto como consecuencia de la reflexión sobre los actos.
Igualmente pasa con el sexo, en la actualidad la proclividad respecto al sexo como placer puro es algo que domina todo el ambiente, el sexo es una mercancía que se transa sin barreras, las enfermedades de transmisión sexual son prevenibles, igualmente el embarazo. El sexo se puede conseguir en variedad de presentaciones, desde el onanismo hasta las orgías. Los swingers que comparten a sus parejas "estables", la homosexualidad, la prostitución, la pedofilia, etc. Todo lo anterior siempre ha estado presente en la historia del hombre, pero hoy además de presente es mucho más cotidiano, deseable socialmente y aceptado como "normal" (excepto la pedofilia). El sexo por el placer mismo nos distingue del resto de los animales que sólo copulan por el instinto de preservación de sus especies en periodos limitados. Pero el hombre no tiene dicho límite, el sexo sólo por el placer es algo que sólo los hombres disfrutamos.
Pero en la concepción del acto ¿cúando el sexo se transforma en lujuria? Cuando se pierde el control sobre el acto, cuando no es posible la renuncia, cuando se vuelve vicioso, cuando es una adicción. Cualquier variedad de la sexualidad puede ser viciosa, lo que lo distingue del sexo virtuoso no es acto en si, sino la concepción del mismo el "porque".
Quien ha decidido copular porque en ello encuentra un modo de vinculación adicional, realiza sexo virtuoso, quien lo realiza como un acto exclusivo del amor entre dos individuos, también. Quien participa en una orgía por el simple hecho de hacerlo, sin reflexión, está siendo vicioso.
Entonces el vicio está constituido por la falta de una filosofía constitutiva del acto, actuar por actuar es instintivo para todos los seres vivos, pero para el hombre es vicioso, pues el hombre que subyace a su instinto no se autoposee, no tiene dominio de su ser y mucho menos de su mente.
La realidad es inminente, es un abrumadora y puede ser evadida a través de la enajenación; cuando el hombre se aísla de su entorno dentro de alguna actividad viciosa (lujuria, gula, alcoholismo, drogadicción, fumar, ejercicio obsesivo y demás actividades que sólo se realicen a modo de evasión de la realidad) pierde el sentido de realidad, retrocede en su calidad de ser superior a un estado inferior al de los animales, pues en la bestia no existe el vicio, el vicio es exclusivo del hombre.
Dentro de la historia del pensamiento universal se encuentran muy distintas corrientes sobre los conceptos de virtud y vicio. Desde los epicúreos y hedonistas; hasta el New Age y el catolicismo mexicano junto con otras muchas y muy diversas corrientes; dentro de ellas se percibe con claridad que a los hombres les preocupa como manejar el placer en su vida cotidiana.
El hombre sufre una terrible dualidad entre su ser racional y su ser animal. La autoconciencia y la autorreflexión nos hacen percatarnos que podemos controlar nuestro instinto primitivo, poseernos y vivir un libre albedrío restringido por nuestra voluntad.
El primer tema es la virtud, ¿qué define esta palabra? La virtud es un comportamiento del hombre que resulta de la reflexión, es decir el hombre es tan virtuoso como su capacidad de elegir entre un modo de vida y otro después de haber definido un su propio parámetro. No es virtuoso aquel que sólo actúa el comportamiento; pues la verdadera virtud es un estado interior que se proyecta en todo lo que se hace. La virtud es un acto de constricción superior, pues implica una renuncia; el hombre virtuoso suele elegir aquello que requiere una fuerte voluntad para doblegar lo instintivo de su ser.
Existen ejemplos muy obvios del placer mundano que el hombre experimenta constantemente; pues es el placer el primer motor del impulso de vida, todos los seres vivos reaccionamos al placer y, en la búsqueda del mismo supervivimos. El instinto en muchos aspectos es placer puro, pues por instinto realizamos las actividades que consideramos básicas como individuos y aun más como especie. El acto de alimentarnos, reproducirnos, procurarnos refugio, etc.; son fundamentales para la vida. La vida individual es posible sin sexo, con un plato de avena y algunos litros de agua se puede vivir por siempre, con un pedazo de piel se puede uno abrigar bajo un árbol. Pero el hombre siempre busca más, más placer, mayor variedad de alimentos y sexo por el placer mismo y no por el afán reproductivo. De un modo u otro el placer es el motor del progreso, la creación de un paraíso hecho por el hombre, no por Dios.
Por el otro lado está la razón, la inteligencia, la auto reflexión. ¿Es el placer bueno? Usando la comida y el sexo como ejemplos, trataré de responder a la pregunta.
Al menos existen tres elementos para abordar el tema: el instinto, la reflexión y el porque racional del acto. Comer es vital, en un sentido instintivo sin alimento se muere, es por eso que el hombre tiende a comer cuanto puede, el cuerpo mismo está diseñado para almacenar energía en forma de grasas; la proclividad del cuerpo a engordar es resultado de proceso evolutivo, mientras más rápido se engorde más eficiente se es en la asimilación de energía. Lo anterior era muy útil cuando el hombre vivía con una inmensa incertidumbre sobre su futuro alimenticio, cuando la dependencia en la caza y la recolección hacía azarosa la existencia de alimentos. En la actualidad somos bastos en comida, si existe el hambre en el mundo no es por falta de capacidad productiva o sequías; sino por cuestiones financieras.
La alimentación ha evolucionado tanto como el hombre, hoy en día podemos encontrar mil variedades de chocolate, pan, carne, frutas y verduras, granos, grasas, etc.; por el arte de la refrigeración podemos disponer en cualquier temporada de cualquier alimento, con los cultivos transgénicos se puede sembrar cualquier cosa en cualquier lugar, pero tanto desarrollo tecnológico no sólo alimenta, sino que la variedad es transformada gula, la exquisitez hace que todo alimento se vuelva deseable.
El acto de comer es entonces no sólo vital, sino también racional, comemos porque lo necesitamos, lo deseamos, lo podemos y lo sofisticamos en la cocina. En el momento de hacer consiente la alimentación se realiza un acto de elección; ¿qué como? La elección puede ser tan golosa e inescrupulosa como la falta de voluntad y el tamaño de la barriga lo permita. Pero entonces al elegir se puede renunciar tanto a la variedad como a la cantidad; para los hombres de nuestra era es deseable y posible; entonces: ¿por qué no nos contenemos? ¿Por qué suele dominar la gula sobre la razón? Si hoy conocemos las consecuencias de la obesidad porque el 60% de la población en México tiene sobrepeso?
La respuesta es simple, por falta de voluntad y de reflexión al actuar. La fuerza de voluntad es una fuerza restrictiva del placer, es un acto de constricción superior, pues se compone de dos elementos: la reflexión sobre el acto realizable y la renuncia al dominio del instinto. Eso es lo que comprendo por virtud, el dominio del ser propio, el autocontrol, el dominio del instinto como consecuencia de la reflexión sobre los actos.
Igualmente pasa con el sexo, en la actualidad la proclividad respecto al sexo como placer puro es algo que domina todo el ambiente, el sexo es una mercancía que se transa sin barreras, las enfermedades de transmisión sexual son prevenibles, igualmente el embarazo. El sexo se puede conseguir en variedad de presentaciones, desde el onanismo hasta las orgías. Los swingers que comparten a sus parejas "estables", la homosexualidad, la prostitución, la pedofilia, etc. Todo lo anterior siempre ha estado presente en la historia del hombre, pero hoy además de presente es mucho más cotidiano, deseable socialmente y aceptado como "normal" (excepto la pedofilia). El sexo por el placer mismo nos distingue del resto de los animales que sólo copulan por el instinto de preservación de sus especies en periodos limitados. Pero el hombre no tiene dicho límite, el sexo sólo por el placer es algo que sólo los hombres disfrutamos.
Pero en la concepción del acto ¿cúando el sexo se transforma en lujuria? Cuando se pierde el control sobre el acto, cuando no es posible la renuncia, cuando se vuelve vicioso, cuando es una adicción. Cualquier variedad de la sexualidad puede ser viciosa, lo que lo distingue del sexo virtuoso no es acto en si, sino la concepción del mismo el "porque".
Quien ha decidido copular porque en ello encuentra un modo de vinculación adicional, realiza sexo virtuoso, quien lo realiza como un acto exclusivo del amor entre dos individuos, también. Quien participa en una orgía por el simple hecho de hacerlo, sin reflexión, está siendo vicioso.
Entonces el vicio está constituido por la falta de una filosofía constitutiva del acto, actuar por actuar es instintivo para todos los seres vivos, pero para el hombre es vicioso, pues el hombre que subyace a su instinto no se autoposee, no tiene dominio de su ser y mucho menos de su mente.
La realidad es inminente, es un abrumadora y puede ser evadida a través de la enajenación; cuando el hombre se aísla de su entorno dentro de alguna actividad viciosa (lujuria, gula, alcoholismo, drogadicción, fumar, ejercicio obsesivo y demás actividades que sólo se realicen a modo de evasión de la realidad) pierde el sentido de realidad, retrocede en su calidad de ser superior a un estado inferior al de los animales, pues en la bestia no existe el vicio, el vicio es exclusivo del hombre.
07 enero 2005
La Isla de los Pájaros
Playa Michigan se encuentra ubicada en el Municipio de Tecpan de Galeana, Guerrero; forma parte del poblado Tenexpa. Para llegar a ella se toma un taxi o micro en Tecpan para llegar al embarcadero de Tenexpa de ahí se toma una lancha que cruza la laguna hasta la playa. Michigan es un brazo de tierra muy ancho y extenso que divide a la laguna del mar. Dicen los lugareños que originalmente se llamaba la Isla de los Pájaros, pero que hubo un huracán y no quedó ninguno, luego los turistas extranjeros comenzaron a llamarle Michigan.
He estado en Michigan en otras dos ocasiones, en momentos muy distintos de mi vida. Nuevamente regresé, estuve ahí tres deliciosos días, nunca antes había pasado tan buen rato allá, Sin embargo ir a Michigan me hizo darme cuenta de algo, me siento en paz conmigo mismo, tengo muy claro lo que quiero de mí y quien soy, sé quien soy.
El campismo no es una experiencia para cualquiera, se necesita vocación, hace cuatro años mi inexperiencia me hizo ir poco preparado, de suerte llevaba papel higiénico, pues por poco no llevaba ni tienda de campaña, en Michigan no había ni letrinas, uno tenía que hacerle como el Osito Charming versión Hawaiana. En Michigan no hay nada mas que un inmenso océano, una ancha y larguísima playa, una laguna con mucha vegetación y alguna enramadas donde uno puede instalarse si consume comida y bebida ahí.
El platillo típico de Michigan es el huato de mota, seguido del pescado (sierra) asado al ajo o a la diabla, acompañado de unas suculentas tortillas hechas a mano tan gruesas como un hot-cake y frijoles negros en caldo con un sazón muy peculiar, pues el agua con que los guisan tiene residuos de sal del mar; no es que los sazonen con sal de mar, sino que el agua con que los hacen es de la laguna y tiene residuos de sal.
La vida en Michigan transcurre a la velocidad del sol, el día en invierno es muy corto, el sol despunta a las 7:10 y se oculta a las 18:30, uno pierde mucho tiempo en resolver las necesidades básicas: comer, bañarse, ir al baño, apenas queda tiempo para meterse al mar o a la laguna, leer alguna páginas de un libro o simplemente ver el basto horizonte y asolearse.
Los mosquitos y las pulgas pueden ser insoportables, pero no son importantes cuando uno tiene la oportunidad de romper radicalmente con la "civilización", cuando la luz del sol se va, no queda más que la de las lámparas de petróleo y las fogatas, se crea una atmósfera mística, de humo de fogata y carrujo de mota. Es una atmósfera de neblina, densa, olorosa y cachonda. Los músicos sacan sus tambores, las mujeres bailan a rededor de las fogatas, los hombres beben y fuman, juegan cartas o domino y se ríen de nada. Dos horas después aparece la luna en el cielo, ancha y amarillenta, sale tímidamente en el oriente y tarda mucho en llegar al cenit; es una inmensa luz que ilumina toda la playa, es difícil percatarse en la ciudad cuanta luz refleja la luna, es suficiente para lograr ver el piso, el mar, tu bebida predilecta y la cara de quien estes besando.
En Michigan existe el respeto, nadie se mete contigo o con tus cosas, cada quien hace lo que mejor le conviene, es un lugar donde los niños de ocho años venden la mota, donde las mujeres lugareñas son las más trabajadoras, son pocos los hombres que trabajan arduamente, se dedican más a socializar y a dormir; sin embargo son los señores ejidatarios dueños de las palapas. Si uno decide no beber o fumar nadie se inmuta; la noche es larga en murmullos de voces, tamborazos y risas.
Durante ocho meses del año la laguna tiene desembocadura al mar, la barra se abre en a finales de marzo y se cierra en la segunda semana de diciembre aproximadamente. Es un fenómeno muy interesante, pues la marea hace que la arena engruese la barra y la lluvia la adelgaza, cuando la barra se abre la laguna se limpia de sedimentos, en la desembocadura se puede sentir una fuerte corriente de agua dulce que sale en el día y una de agua salada que entra en la noche. En esta ocasión la barra se cerró desde noviembre, los lugareños estaban sorprendidos y yo por fin puede cruzar hasta el otro lado, caminé como 10km hasta el siguiente poblado que se llama Boca Chica, es un pueblo de pescadores, donde se comen excelentes cócteles, a un bajo precio, y otros pescados, en general es mucho más barato que Michigan y también tiene palapas para los campistas, pero también tiene luz eléctrica, música, gente que va y viene en lanchas, casas, es un poblado. Michigan es el despoblado.
Para los que somos peripatéticos es muy agradable caminar por la larga playa, ya sea e día o de noche invita a la reflexión, sentir la brisa del mar mientras se come, oler la comida recién hecha y beber una cerveza bien fría en la tarde hace que el paseo sea una experiencia totalmente distinta a ir a cualquier centro vacacional. Hay quienes van a Michigan por tener vacaciones baratas, hay quienes van por fumar mota y beber mucha cerveza, hay quienes vamos por disfrutar de la ausencia de civilización, por encontrar un espacio silencioso donde podamos escuchar con claridad nuestros pensamientos.
Playa Michigan se encuentra ubicada en el Municipio de Tecpan de Galeana, Guerrero; forma parte del poblado Tenexpa. Para llegar a ella se toma un taxi o micro en Tecpan para llegar al embarcadero de Tenexpa de ahí se toma una lancha que cruza la laguna hasta la playa. Michigan es un brazo de tierra muy ancho y extenso que divide a la laguna del mar. Dicen los lugareños que originalmente se llamaba la Isla de los Pájaros, pero que hubo un huracán y no quedó ninguno, luego los turistas extranjeros comenzaron a llamarle Michigan.
He estado en Michigan en otras dos ocasiones, en momentos muy distintos de mi vida. Nuevamente regresé, estuve ahí tres deliciosos días, nunca antes había pasado tan buen rato allá, Sin embargo ir a Michigan me hizo darme cuenta de algo, me siento en paz conmigo mismo, tengo muy claro lo que quiero de mí y quien soy, sé quien soy.
El campismo no es una experiencia para cualquiera, se necesita vocación, hace cuatro años mi inexperiencia me hizo ir poco preparado, de suerte llevaba papel higiénico, pues por poco no llevaba ni tienda de campaña, en Michigan no había ni letrinas, uno tenía que hacerle como el Osito Charming versión Hawaiana. En Michigan no hay nada mas que un inmenso océano, una ancha y larguísima playa, una laguna con mucha vegetación y alguna enramadas donde uno puede instalarse si consume comida y bebida ahí.
El platillo típico de Michigan es el huato de mota, seguido del pescado (sierra) asado al ajo o a la diabla, acompañado de unas suculentas tortillas hechas a mano tan gruesas como un hot-cake y frijoles negros en caldo con un sazón muy peculiar, pues el agua con que los guisan tiene residuos de sal del mar; no es que los sazonen con sal de mar, sino que el agua con que los hacen es de la laguna y tiene residuos de sal.
La vida en Michigan transcurre a la velocidad del sol, el día en invierno es muy corto, el sol despunta a las 7:10 y se oculta a las 18:30, uno pierde mucho tiempo en resolver las necesidades básicas: comer, bañarse, ir al baño, apenas queda tiempo para meterse al mar o a la laguna, leer alguna páginas de un libro o simplemente ver el basto horizonte y asolearse.
Los mosquitos y las pulgas pueden ser insoportables, pero no son importantes cuando uno tiene la oportunidad de romper radicalmente con la "civilización", cuando la luz del sol se va, no queda más que la de las lámparas de petróleo y las fogatas, se crea una atmósfera mística, de humo de fogata y carrujo de mota. Es una atmósfera de neblina, densa, olorosa y cachonda. Los músicos sacan sus tambores, las mujeres bailan a rededor de las fogatas, los hombres beben y fuman, juegan cartas o domino y se ríen de nada. Dos horas después aparece la luna en el cielo, ancha y amarillenta, sale tímidamente en el oriente y tarda mucho en llegar al cenit; es una inmensa luz que ilumina toda la playa, es difícil percatarse en la ciudad cuanta luz refleja la luna, es suficiente para lograr ver el piso, el mar, tu bebida predilecta y la cara de quien estes besando.
En Michigan existe el respeto, nadie se mete contigo o con tus cosas, cada quien hace lo que mejor le conviene, es un lugar donde los niños de ocho años venden la mota, donde las mujeres lugareñas son las más trabajadoras, son pocos los hombres que trabajan arduamente, se dedican más a socializar y a dormir; sin embargo son los señores ejidatarios dueños de las palapas. Si uno decide no beber o fumar nadie se inmuta; la noche es larga en murmullos de voces, tamborazos y risas.
Durante ocho meses del año la laguna tiene desembocadura al mar, la barra se abre en a finales de marzo y se cierra en la segunda semana de diciembre aproximadamente. Es un fenómeno muy interesante, pues la marea hace que la arena engruese la barra y la lluvia la adelgaza, cuando la barra se abre la laguna se limpia de sedimentos, en la desembocadura se puede sentir una fuerte corriente de agua dulce que sale en el día y una de agua salada que entra en la noche. En esta ocasión la barra se cerró desde noviembre, los lugareños estaban sorprendidos y yo por fin puede cruzar hasta el otro lado, caminé como 10km hasta el siguiente poblado que se llama Boca Chica, es un pueblo de pescadores, donde se comen excelentes cócteles, a un bajo precio, y otros pescados, en general es mucho más barato que Michigan y también tiene palapas para los campistas, pero también tiene luz eléctrica, música, gente que va y viene en lanchas, casas, es un poblado. Michigan es el despoblado.
Para los que somos peripatéticos es muy agradable caminar por la larga playa, ya sea e día o de noche invita a la reflexión, sentir la brisa del mar mientras se come, oler la comida recién hecha y beber una cerveza bien fría en la tarde hace que el paseo sea una experiencia totalmente distinta a ir a cualquier centro vacacional. Hay quienes van a Michigan por tener vacaciones baratas, hay quienes van por fumar mota y beber mucha cerveza, hay quienes vamos por disfrutar de la ausencia de civilización, por encontrar un espacio silencioso donde podamos escuchar con claridad nuestros pensamientos.
14 diciembre 2004
Mil palabras, ni una imagen.
Ya lo decía Sartori, una imagen dice menos que mil palabras, porque una imagen es parcial, sólo enfoca aquello que fija el objetivo del lente. En septiembre fui a Hierve el Agua, son unas cascadas pétreas en el municipio de Mitla, Oaxaca; ya sabía de la existencia del lugar, había visto cantidad de fotos pero ninguna me transmitió el esplendor y la necesidad de contemplación que se vive al estar ahí. Las imágenes que tenemos de la vida así son, parciales.
Todos tenemos opinión, nos atrevemos a decir como interpretamos a nuestro mundo, a sus integrantes y sus comportamientos, a explicar las razones de por qué cada cual hace lo que le viene en gana; tildamos sus actos de cobardes, inmaduros, soberbios, altruistas, bondadosos, etc.; nos guiamos por el empirismo vivencial.
¿Cómo se puede interpretar al otro cuando a penas nos conocemos? ¿Cómo nos atrevemos a juzgar y a definir su ser y actuar a partir de tan pocos datos? Hacemos inferencia, deducimos, homologamos el qué el cómo y el cuándo a generalidades de la vida cotidiana. Parametrisamos el comportamiento, asignamos variables y decimos: fulanito es muy maduro por tal o cual cosa: sutanito es un mal hombre por esto y aquello; etc.
Vivimos en automático, excepcionales son los que dirigen su vida en estándar, los que calculan la dirección y el sentido de sus actos con frialdad y precisión. ¿Es posible no dejarnos llevar? ¿Podemos evitar apasionarnos? Si decido contenerme de algún deseo estoy siendo contundente o simplemente ese es el ritmo de mis fijaciones anales?
La vida es una aventura, pocos son los que como Humbolt viajan a una tierra desconocida, salen avente y triunfantes, llenos de conocimientos y sabiduría y logran trascender; sin embargo él apostó todo, su herencia, su fortuna, llegó a la vejes sin dinero pero estoy seguro que satisfecho de vivir.
La vida es una imagen, una apariencia ante los otros del por qué y el cómo nos guiamos. La madurez, por ejemplo, es un calificativo social, se asigna a aquellos que cumplen con la norma, con el protocolo, que deciden vivir conforme a lo que el estándar de comportamiento neurótico contemporáneo es. Sin embargo la madurez existe, es la sensatez con que la gente afronta sus alternativas, es la contundencia para realizarse conforme al propio deber, es parte del contener lo carnal por buscar lo trascendental para uno mismo. Sin embargo hay quienes sólo viven para realizar sus sueños utópicos, ¿es esto maduro?, se puede ser maduro sin ser realista; al igual que el éxito la madurez no es una imagen, es una cuestión interna, es la satisfacción sensata por saber que uno vive su propia vida bajo su propio paradigma.
La insatisfacción es la peor nausea que se puede tener, hay veces que ésta es producida por el engaño: que a través de imágenes el mundo externo trata de vendernos, de hacernos creer que son ciertas; ser maduro es: Rolex, Mont Blanc, Audi, BMW, Jonhie Walker, etc., ser actractivo es: GQ, Cosmopolitan, Men's Health, Vanity Fair; ser parte del mundo es: Quién, Caras, Hola, etc.
La imagen que el mundo crea de si, esos seres y haSeres ideales que platónicamente el mundo (la gente) crea de si mismos, no existen. El súper hombre no es una imagen del ser, es. Lo que trasciende del ser no es la fachada, no es la arquitectura, es la estructura, es el principio del valor, ¿qué valorizamos en este mundo? ¿Qué significa ser en este mundo mercadologizado? ¿Cuanto vale ser en un mundo donde lo efímero es la norma?
El superhombre de Nietzsche se rige bajo otro paradigma, no es un súper hombre hollywoodense, es un ser metafísico, que está trascendiendo al momento de ser, es trascendencia, es perpetuidad del valor de ser.
Siento insatisfacción de un mundo plastificado, de la falta de deseo por ser, y del exorbitante modo de pareSer que los hombres contemporáneos tienen. Vivimos una neoadolescencia de la humanidad, la búsqueda de identidad nos lleva a consumir modelos hechos, a seguir la inercia el mercado y vivir frenéticamente queriendo tener para poder ser, se es en el consumo, somos el homo-consumus. Yo valgo en función de aquello que valoro.
Ya lo decía Sartori, una imagen dice menos que mil palabras, porque una imagen es parcial, sólo enfoca aquello que fija el objetivo del lente. En septiembre fui a Hierve el Agua, son unas cascadas pétreas en el municipio de Mitla, Oaxaca; ya sabía de la existencia del lugar, había visto cantidad de fotos pero ninguna me transmitió el esplendor y la necesidad de contemplación que se vive al estar ahí. Las imágenes que tenemos de la vida así son, parciales.
Todos tenemos opinión, nos atrevemos a decir como interpretamos a nuestro mundo, a sus integrantes y sus comportamientos, a explicar las razones de por qué cada cual hace lo que le viene en gana; tildamos sus actos de cobardes, inmaduros, soberbios, altruistas, bondadosos, etc.; nos guiamos por el empirismo vivencial.
¿Cómo se puede interpretar al otro cuando a penas nos conocemos? ¿Cómo nos atrevemos a juzgar y a definir su ser y actuar a partir de tan pocos datos? Hacemos inferencia, deducimos, homologamos el qué el cómo y el cuándo a generalidades de la vida cotidiana. Parametrisamos el comportamiento, asignamos variables y decimos: fulanito es muy maduro por tal o cual cosa: sutanito es un mal hombre por esto y aquello; etc.
Vivimos en automático, excepcionales son los que dirigen su vida en estándar, los que calculan la dirección y el sentido de sus actos con frialdad y precisión. ¿Es posible no dejarnos llevar? ¿Podemos evitar apasionarnos? Si decido contenerme de algún deseo estoy siendo contundente o simplemente ese es el ritmo de mis fijaciones anales?
La vida es una aventura, pocos son los que como Humbolt viajan a una tierra desconocida, salen avente y triunfantes, llenos de conocimientos y sabiduría y logran trascender; sin embargo él apostó todo, su herencia, su fortuna, llegó a la vejes sin dinero pero estoy seguro que satisfecho de vivir.
La vida es una imagen, una apariencia ante los otros del por qué y el cómo nos guiamos. La madurez, por ejemplo, es un calificativo social, se asigna a aquellos que cumplen con la norma, con el protocolo, que deciden vivir conforme a lo que el estándar de comportamiento neurótico contemporáneo es. Sin embargo la madurez existe, es la sensatez con que la gente afronta sus alternativas, es la contundencia para realizarse conforme al propio deber, es parte del contener lo carnal por buscar lo trascendental para uno mismo. Sin embargo hay quienes sólo viven para realizar sus sueños utópicos, ¿es esto maduro?, se puede ser maduro sin ser realista; al igual que el éxito la madurez no es una imagen, es una cuestión interna, es la satisfacción sensata por saber que uno vive su propia vida bajo su propio paradigma.
La insatisfacción es la peor nausea que se puede tener, hay veces que ésta es producida por el engaño: que a través de imágenes el mundo externo trata de vendernos, de hacernos creer que son ciertas; ser maduro es: Rolex, Mont Blanc, Audi, BMW, Jonhie Walker, etc., ser actractivo es: GQ, Cosmopolitan, Men's Health, Vanity Fair; ser parte del mundo es: Quién, Caras, Hola, etc.
La imagen que el mundo crea de si, esos seres y haSeres ideales que platónicamente el mundo (la gente) crea de si mismos, no existen. El súper hombre no es una imagen del ser, es. Lo que trasciende del ser no es la fachada, no es la arquitectura, es la estructura, es el principio del valor, ¿qué valorizamos en este mundo? ¿Qué significa ser en este mundo mercadologizado? ¿Cuanto vale ser en un mundo donde lo efímero es la norma?
El superhombre de Nietzsche se rige bajo otro paradigma, no es un súper hombre hollywoodense, es un ser metafísico, que está trascendiendo al momento de ser, es trascendencia, es perpetuidad del valor de ser.
Siento insatisfacción de un mundo plastificado, de la falta de deseo por ser, y del exorbitante modo de pareSer que los hombres contemporáneos tienen. Vivimos una neoadolescencia de la humanidad, la búsqueda de identidad nos lleva a consumir modelos hechos, a seguir la inercia el mercado y vivir frenéticamente queriendo tener para poder ser, se es en el consumo, somos el homo-consumus. Yo valgo en función de aquello que valoro.
28 noviembre 2004
The mexican dream
escrito el 19 de noviembre 2004
El ideal, el sueño, el estereotipo de ser por el cual se vive es un motor que impulsa al individuo a cambiarse a si mismo, a luchar por ser, tener, vivir de un modo o de otro.
Hace algunas semanas platicaba con mi papá: sobre la falta de un sueño mexicano, equivalente al American Dream (AD), le decía que los gringos tienen muy claro cual es su ideal de individuos dentro de sus sociedad y cual es el modo de lograrlo; el AD versa más o menos así: América es una tierra de oportunidades y libertad, donde los individuos que tienen el empeño para lograr su metas a través del trabajo, el ahorro y el continuo esfuerzo podrán lograrlas. Esto podría ser el caso de Bill Gates, Arnold Schwarzenegger y muchos mexicanos que viviendo allá se han hecho ricos después de cruzar la frontera como “ilegales”. En el caso americano el AD ha trascendido a mito global, los mexicanos que cruzan la frontera lo hacen porque creen que allá vivirán mejor.
El AD, como tal, no es una realidad: muchos de los que siguen la formulita fracasan, pero si es un ideal de sociedad, una que se basa en la justicia, la libertad y la igualdad de oportunidades, de modo objetivo ello no sucede, ni hay igualdad, ni libertad, ni justicia plena, real, o no excluyente. Lo importante es que el mito permite que el sistema funcione más eficientemente que otros, es un problema de acción colectiva, cuando el americano cree en la justicia: acude a la instituciones que la representan exigiendo que la ley se cumpla; cuando creen que el trabajo honrado y constante permite el progreso individual: trabajan, ahorran y luchan por si mismos de un modo más arduo que aquellos que tienen una mentalidad de derechohabientes. El AD es falaz, pero permite que las expectativas se autorealicen.
En el caso mexicano las expectativas también se realizan, pero en el sentido negativo; los mexicanos no creemos en la justicia: por ello no acudimos a denunciar la mayoría de los delitos; no creemos en la igualdad: por eso discriminamos a los indígenas, a las mujeres, a los niños, a los homosexuales y a los viejos; decimos "el que no transa no avanza" y por ello abusamos de quienes podemos, también, los timamos o estafamos; tenemos —no todos— mentalidad de derechohabientes y que el tener una plaza laboral es un seguro contra el desempleo: por ello no aumentamos nuestra productividad y competitividad y, esperamos que el sindicato, el Peje o el IMSS nos mantengan de por vida.
Creo que hace siglos sí existió un sueño mexicano, era el de los líderes con ansia independiente, era el de Mora y el de Alamán, que querían una nación federal o centralista, era el de Juárez que buscaba integrar a los indígenas a la modernidad —por cuestionable que fuese—; incluso, el de Zapata que buscaba la reivindicación de las tierras robadas a los indígenas.
Yo tengo mi propio sueño mexicano, es uno donde todos nos esforzamos y trabajamos por lo propio y por lo colectivo, donde hay participación ciudadana, donde se acaba el "hacen como que me pagan, yo hago como que trabajo", en donde los mexicanos definimos nuestra identidad, donde los modelos de vida europeos y norte americanos son puntos de referencia, no disfraces ni caretas que no significan nada en nuestro contexto e historia, mi México ideal tiene identidad, sus jóvenes crean y escuchan su propia música y visten su propia ropa, sus hombres y mujeres transmiten valores y conocen su historia, la historia nos da identidad, nos transmite un ideal histórico, define lo que hemos sido en distintas dimensiones y muestra los consensos que se han logrado con la sangre y el acuerdo.
Cómo es posible que un pueblo de inmigrantes (Estados Unidos) tenga un ideal más claro, entre sus ciudadanos, que un pueblo con "raíces ancestrales" con una "cultura milenaria". Es muy sencillo de explicar quienes persiguen sus ideales los logran asimilar, quienes no: son asimilados.
escrito el 19 de noviembre 2004
El ideal, el sueño, el estereotipo de ser por el cual se vive es un motor que impulsa al individuo a cambiarse a si mismo, a luchar por ser, tener, vivir de un modo o de otro.
Hace algunas semanas platicaba con mi papá: sobre la falta de un sueño mexicano, equivalente al American Dream (AD), le decía que los gringos tienen muy claro cual es su ideal de individuos dentro de sus sociedad y cual es el modo de lograrlo; el AD versa más o menos así: América es una tierra de oportunidades y libertad, donde los individuos que tienen el empeño para lograr su metas a través del trabajo, el ahorro y el continuo esfuerzo podrán lograrlas. Esto podría ser el caso de Bill Gates, Arnold Schwarzenegger y muchos mexicanos que viviendo allá se han hecho ricos después de cruzar la frontera como “ilegales”. En el caso americano el AD ha trascendido a mito global, los mexicanos que cruzan la frontera lo hacen porque creen que allá vivirán mejor.
El AD, como tal, no es una realidad: muchos de los que siguen la formulita fracasan, pero si es un ideal de sociedad, una que se basa en la justicia, la libertad y la igualdad de oportunidades, de modo objetivo ello no sucede, ni hay igualdad, ni libertad, ni justicia plena, real, o no excluyente. Lo importante es que el mito permite que el sistema funcione más eficientemente que otros, es un problema de acción colectiva, cuando el americano cree en la justicia: acude a la instituciones que la representan exigiendo que la ley se cumpla; cuando creen que el trabajo honrado y constante permite el progreso individual: trabajan, ahorran y luchan por si mismos de un modo más arduo que aquellos que tienen una mentalidad de derechohabientes. El AD es falaz, pero permite que las expectativas se autorealicen.
En el caso mexicano las expectativas también se realizan, pero en el sentido negativo; los mexicanos no creemos en la justicia: por ello no acudimos a denunciar la mayoría de los delitos; no creemos en la igualdad: por eso discriminamos a los indígenas, a las mujeres, a los niños, a los homosexuales y a los viejos; decimos "el que no transa no avanza" y por ello abusamos de quienes podemos, también, los timamos o estafamos; tenemos —no todos— mentalidad de derechohabientes y que el tener una plaza laboral es un seguro contra el desempleo: por ello no aumentamos nuestra productividad y competitividad y, esperamos que el sindicato, el Peje o el IMSS nos mantengan de por vida.
Creo que hace siglos sí existió un sueño mexicano, era el de los líderes con ansia independiente, era el de Mora y el de Alamán, que querían una nación federal o centralista, era el de Juárez que buscaba integrar a los indígenas a la modernidad —por cuestionable que fuese—; incluso, el de Zapata que buscaba la reivindicación de las tierras robadas a los indígenas.
Yo tengo mi propio sueño mexicano, es uno donde todos nos esforzamos y trabajamos por lo propio y por lo colectivo, donde hay participación ciudadana, donde se acaba el "hacen como que me pagan, yo hago como que trabajo", en donde los mexicanos definimos nuestra identidad, donde los modelos de vida europeos y norte americanos son puntos de referencia, no disfraces ni caretas que no significan nada en nuestro contexto e historia, mi México ideal tiene identidad, sus jóvenes crean y escuchan su propia música y visten su propia ropa, sus hombres y mujeres transmiten valores y conocen su historia, la historia nos da identidad, nos transmite un ideal histórico, define lo que hemos sido en distintas dimensiones y muestra los consensos que se han logrado con la sangre y el acuerdo.
Cómo es posible que un pueblo de inmigrantes (Estados Unidos) tenga un ideal más claro, entre sus ciudadanos, que un pueblo con "raíces ancestrales" con una "cultura milenaria". Es muy sencillo de explicar quienes persiguen sus ideales los logran asimilar, quienes no: son asimilados.
22 noviembre 2004
Los Peripatéticos
21 de noviembre 2004
Dicen que la escuela aristotélica sucedía mientras los discípulos caminaban a un lado de su maestro, que por su hernia no se podía sentar por largo tiempo...
Lo confieso, soy peripatético; mi dolencia data desde la temprana infancia: idénticamente a los discípulos de Aristóteles yo caminaba a un lado de mi primer maestro, mi padre. Un par de años después de que mis padres se separaron a mi papá le robaron el Datsun color verde oliva que tenía eso cambió la dinámica dominical de paseo, porque mis hermanas ya no siguieron saliendo con nosotros. Mi papá pasaba temprano en la mañana por mí; teníamos varias rutas: la del centro histórico que incluía: museos, Tepito, la Lagunilla –lugares que me gustaba visitar para ver las chucherias-; la de Coyoacán fue posterior, la de Chapultepec-Polanco o simplemente el Bosque de Tlalpan. Durante nuestros recorridos caminábamos, platicábamos y yo hacía preguntas sin cesar, me gustaba preguntar sobre ciencia, historia cuando íbamos a los museos, arte, etc. Para mi buena fortuna mi padre es un hombre culto, que su hambre de conocimiento lo ha hecho leer y aprender un poco de todo, además es maestro de profesión.
Mi peripatesis inició con él, muchos paseos, calles y lugares recorrimos, aprendí muchísimo durante esos años. Pero ya en la adolescencia, en los años de secundaria, mi afán de caminar y platicar cambió de modalidad, entonces tenía un amigo llamado Enrique, que también vivía en la colonia, él y yo teníamos una rutina muy particular, pasaba por mi o yo por él, balón de básquet en mano, primero jugábamos 21 en la canchas un rato -en dos años sólo un partido le gané- después emprendíamos camino: tomábamos un camión hasta la Alberca Olímpica y de ahí caminábamos de regreso, pasábamos primero a Plaza Universidad de ahí a la casa de Laura, una niña un año menor que nosotros -de la cual Enrique estaba enamorado- que vivía en San Pedro de los Pinos, cuando estaba nos invitaba a pasar a la casa de su abuela donde vivía con su papá. Después íbamos a la casa de Zaira, una niña un año mayor que nosotros que realmente era atractiva, a Zaira su papá y su madrastra -su mamá era enfermera en el Centro Médico y murió ahí en el 85- nunca la dejaban salir, mucho menos nos dejaban subir a su departamento, nos sentábamos en la banqueta recargados en la pared esperando que se asomara al bacón, a veces lo hacía o bajaba a la puerta y nos saludaba cuando lograba escaparse; ella vivía en Mixcoac en la calle Leonardo Da Vinci. De casa de Zaira pasábamos a la de Jessica mi primer crush, la niña es un bombón hecho mujer, desde que la conozco me ha fascinado; Jessica tenía tres hermanas y dos hermanos, vivía atrás de la prepa ocho y era la escala técnica obligada. Siempre nos invitaba a pasar, su mamá y su familia nos recibían con agrado y su perro, Coco, siempre movía la cola cuando nos veía, pasábamos ahí so pretexto, verídico, de usar el baño y tomar agua; pasaron como ocho años para que Jessica y yo nos reencontráramos y por fin se cumplieran mis sueños de adolescente. Ese era todo el recorrido, lo realizábamos varias veces por semana bajo cualquier clima -mi favorito era con lluvia: caminábamos por horas hechos una sopa, nunca me enfermé de gripe por ello y la experiencia era formidable-.
Mi amistad con Enrique se deterioró por diversas causas cuando ambos entramos al bachillerato, él a la prepa 6 yo al CCH Sur. Durante mi primer año de CCH se suspendió mi afán de caminar y platicar, hasta que en el tercer semestre me hice de un buen amigo llamado Edgar, él vivía en Colinas de Sur, un kilómetro cerro arriba de mi casa; nuestra rutina era variada: a veces en patines la mayoría en pesero o caminando desde el CCH hasta Coyoacán. Él iba al psicólogo, el consultorio estaba justo arriba de los Helados Siberia, lo esperaba casi una hora a que saliera; de ahí comprábamos un moka tibio en el Jarocho y caminábamos a Plaza Universidad al Comic Castel, donde él gastaba miles de pesos al semestre en comics y tarjetas; también íbamos al Centro Escultórico en CU, entrábamos al cine y platicamos. Para no variar estábamos enamorados de un misma amiga, Erica, ella fue mi mejor amiga, pero anduvo con Edgar un par de meses.
Cuando entré a la Facultad de Ingeniería, en CU, comencé a caminar solo; no eran muy largos mis trayectos, por lo general desde la facultad hasta Chimalistac, donde estaba la casa del becario Telmex. Después cuando tenía alguna "amiga", y la invitaba a salir, caminábamos por Polanco o Coyoacán; pero no fue hasta que comencé mi romance con Yunuén que volví a caminar y platicar en forma, ella no disfrutaba tanto la caminata como yo pero, estaba dispuesta a hacerlo ocasionalmente, por lo general en Polanco y a veces en Coyoacán.
Desde entonces comencé a hacer mis caminatas solitarias, cuando discutíamos y nos enojábamos yo salía y caminaba un par de horas: reflexionaba, meditaba y platicaba conmigo mismo. Mientras anduve con Alicia nuestras caminatas mas largas eran en Perisur, ella está negada a usar los pies -que son muy bonitos por cierto-, pero las mías se volvieron mucho mas largas y nocturnas: caminaba con frecuencia desde su casa a mi departamento, desde Santa y Escuela Naval hasta San Pedro de los Pinos, otras veces nada más hasta Insurgentes, muchas más desde San Ángel hasta San Pedro de los Pinos. Desde hace tres años he caminado más de lo que caminé todos los años anteriores, he hecho los soliloquios más largos, intensos y trascendentes de mi vida. Caminar me encanta, me relaja, me distrae; siempre trato de tomar una ruta distinta -pero tengo mis favoritas-, he caminado con todo tipo de zapatos, a todas horas, bajo cualquier clima.
Caminando se llega a Roma. El mundo se hizo caminando. El tiempo camina y no para. La vida transcurre a pasos. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. No existe punto distante en la vida al que no se pueda llegar caminando; un grupo de caminantes terminaron de poblar el mundo en la última glaciación. ¿Qué uniré yo con mis pasos?
21 de noviembre 2004
Dicen que la escuela aristotélica sucedía mientras los discípulos caminaban a un lado de su maestro, que por su hernia no se podía sentar por largo tiempo...
Lo confieso, soy peripatético; mi dolencia data desde la temprana infancia: idénticamente a los discípulos de Aristóteles yo caminaba a un lado de mi primer maestro, mi padre. Un par de años después de que mis padres se separaron a mi papá le robaron el Datsun color verde oliva que tenía eso cambió la dinámica dominical de paseo, porque mis hermanas ya no siguieron saliendo con nosotros. Mi papá pasaba temprano en la mañana por mí; teníamos varias rutas: la del centro histórico que incluía: museos, Tepito, la Lagunilla –lugares que me gustaba visitar para ver las chucherias-; la de Coyoacán fue posterior, la de Chapultepec-Polanco o simplemente el Bosque de Tlalpan. Durante nuestros recorridos caminábamos, platicábamos y yo hacía preguntas sin cesar, me gustaba preguntar sobre ciencia, historia cuando íbamos a los museos, arte, etc. Para mi buena fortuna mi padre es un hombre culto, que su hambre de conocimiento lo ha hecho leer y aprender un poco de todo, además es maestro de profesión.
Mi peripatesis inició con él, muchos paseos, calles y lugares recorrimos, aprendí muchísimo durante esos años. Pero ya en la adolescencia, en los años de secundaria, mi afán de caminar y platicar cambió de modalidad, entonces tenía un amigo llamado Enrique, que también vivía en la colonia, él y yo teníamos una rutina muy particular, pasaba por mi o yo por él, balón de básquet en mano, primero jugábamos 21 en la canchas un rato -en dos años sólo un partido le gané- después emprendíamos camino: tomábamos un camión hasta la Alberca Olímpica y de ahí caminábamos de regreso, pasábamos primero a Plaza Universidad de ahí a la casa de Laura, una niña un año menor que nosotros -de la cual Enrique estaba enamorado- que vivía en San Pedro de los Pinos, cuando estaba nos invitaba a pasar a la casa de su abuela donde vivía con su papá. Después íbamos a la casa de Zaira, una niña un año mayor que nosotros que realmente era atractiva, a Zaira su papá y su madrastra -su mamá era enfermera en el Centro Médico y murió ahí en el 85- nunca la dejaban salir, mucho menos nos dejaban subir a su departamento, nos sentábamos en la banqueta recargados en la pared esperando que se asomara al bacón, a veces lo hacía o bajaba a la puerta y nos saludaba cuando lograba escaparse; ella vivía en Mixcoac en la calle Leonardo Da Vinci. De casa de Zaira pasábamos a la de Jessica mi primer crush, la niña es un bombón hecho mujer, desde que la conozco me ha fascinado; Jessica tenía tres hermanas y dos hermanos, vivía atrás de la prepa ocho y era la escala técnica obligada. Siempre nos invitaba a pasar, su mamá y su familia nos recibían con agrado y su perro, Coco, siempre movía la cola cuando nos veía, pasábamos ahí so pretexto, verídico, de usar el baño y tomar agua; pasaron como ocho años para que Jessica y yo nos reencontráramos y por fin se cumplieran mis sueños de adolescente. Ese era todo el recorrido, lo realizábamos varias veces por semana bajo cualquier clima -mi favorito era con lluvia: caminábamos por horas hechos una sopa, nunca me enfermé de gripe por ello y la experiencia era formidable-.
Mi amistad con Enrique se deterioró por diversas causas cuando ambos entramos al bachillerato, él a la prepa 6 yo al CCH Sur. Durante mi primer año de CCH se suspendió mi afán de caminar y platicar, hasta que en el tercer semestre me hice de un buen amigo llamado Edgar, él vivía en Colinas de Sur, un kilómetro cerro arriba de mi casa; nuestra rutina era variada: a veces en patines la mayoría en pesero o caminando desde el CCH hasta Coyoacán. Él iba al psicólogo, el consultorio estaba justo arriba de los Helados Siberia, lo esperaba casi una hora a que saliera; de ahí comprábamos un moka tibio en el Jarocho y caminábamos a Plaza Universidad al Comic Castel, donde él gastaba miles de pesos al semestre en comics y tarjetas; también íbamos al Centro Escultórico en CU, entrábamos al cine y platicamos. Para no variar estábamos enamorados de un misma amiga, Erica, ella fue mi mejor amiga, pero anduvo con Edgar un par de meses.
Cuando entré a la Facultad de Ingeniería, en CU, comencé a caminar solo; no eran muy largos mis trayectos, por lo general desde la facultad hasta Chimalistac, donde estaba la casa del becario Telmex. Después cuando tenía alguna "amiga", y la invitaba a salir, caminábamos por Polanco o Coyoacán; pero no fue hasta que comencé mi romance con Yunuén que volví a caminar y platicar en forma, ella no disfrutaba tanto la caminata como yo pero, estaba dispuesta a hacerlo ocasionalmente, por lo general en Polanco y a veces en Coyoacán.
Desde entonces comencé a hacer mis caminatas solitarias, cuando discutíamos y nos enojábamos yo salía y caminaba un par de horas: reflexionaba, meditaba y platicaba conmigo mismo. Mientras anduve con Alicia nuestras caminatas mas largas eran en Perisur, ella está negada a usar los pies -que son muy bonitos por cierto-, pero las mías se volvieron mucho mas largas y nocturnas: caminaba con frecuencia desde su casa a mi departamento, desde Santa y Escuela Naval hasta San Pedro de los Pinos, otras veces nada más hasta Insurgentes, muchas más desde San Ángel hasta San Pedro de los Pinos. Desde hace tres años he caminado más de lo que caminé todos los años anteriores, he hecho los soliloquios más largos, intensos y trascendentes de mi vida. Caminar me encanta, me relaja, me distrae; siempre trato de tomar una ruta distinta -pero tengo mis favoritas-, he caminado con todo tipo de zapatos, a todas horas, bajo cualquier clima.
Caminando se llega a Roma. El mundo se hizo caminando. El tiempo camina y no para. La vida transcurre a pasos. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. No existe punto distante en la vida al que no se pueda llegar caminando; un grupo de caminantes terminaron de poblar el mundo en la última glaciación. ¿Qué uniré yo con mis pasos?
19 noviembre 2004
Sanborn´s
Escrito el 28 de septiembre 2004 @ Sanborn´s Loreto
No recuerdo cuando fue la primera vez en mi vida que pisé un Sanborn´s, seguramente fue en mi muy temprana infancia, lo que si recuerdo es que con mucha frecuencia fui al que está ubicado en Perisur; también al de San Jerónimo y alguna vez al de Azulejos; otro mas que visitaba era el que alguna vez existió en Manacar cuando ahí existía uno de los pocos cines de la ciudad que contaba con instalaciones decentes, el Cine Manacar.
Mi verdadera historia comenzó en el Sanborn´s de Plaza Universidad, que era mi punto de encuentro con mi papá, él y yo nos citábamos (hace como 13 años) en el área de revistas para después ir al cine o a jugar en las pistas de cochecitos eléctricos que había en el Sears. El segundo momento de mi historia comienza cuando con Manelich, Jesús y Miguel me daba cita en el restaurante para "conquistar el mundo" con ellos tres a la vez y en pares o uno de ellos y yo nos solíamos platicar nuestras experiencias, la reseña de los "trascendidos" en la Fundación Telmex y sobre nuestros romances y temas en general.
Sanborn´s en mi juventud ha representado un espacio de convivencia fundamental, ya fuese con mis amigos, mi padre, mis ligues, etc., siempre encontré en el abundante café y las cómodas sillas o sillones, simplemente un lugar donde conversar. Hoy estoy estudiando y en particular recreando un poco a mi espíritu, recordando los momentos que en los distintos restaurantes he pasado y a las personas que en ellos he conocido, las lágrimas propias, de amigas y novias, las veces que me han dado consuelo en estos lugares, los momentos importantes que han sido interrumpidos por la puntual pregunta "esta bien atendido, le puedo ofrecer algo más". En general siempre me he sentido cómodo con el lugar, con la gran variedad de revistas para hojear mientras espero, con las malteadas de chocolate, los huevos divorciados, los molletes y las chimichangas que hacen de Sanborn´s un lugar agradable; eso sin contar la gran aportación que Sanborn´s ha realizado a la ciudad, baños públicos para los "clientes" casi siempre limpios.
Sanborn´s ha sido sello característico de mi querida ciudad, de las avenidas y centros comerciales, indicador del desarrollo económico, patrocinador oficial de las necesidades fisiológicas de los defeños y proveedor oficial de tarjetas de felicitación. Sanborn´s es un punto de encuentro, un lugar de reconciliación, un lugar donde los romances comienzan, terminan y vuelven a comenzar, donde los infieles se encuentran, donde los traidores conspiran, donde los proyectos se imaginan y donde la vida de millones ha transcurrido en algún momento.
Cada Sanborn´s tiene su sello, que es su gente, este por ejemplo (Loreto) es centro de reunión de viejitos y viejitas que suelen desayunar aquí por las mañanas de lunes a sábado, otros como el de Coyoacán es punto de referencia y espera de jóvenes con poco dinero para sentarse en el restaurante pero con una gran capacidad de ver revistas por horas y horas; mi favorito es el de Azulejos, además de ser sitio obligado de visita para los turistas, es el que mantiene el ambiente más puro de lo que Sanborns representa, pues guarda la perfecta armonía del ecléctico público que lo visita, junto con la arquitectura clásica del centro histórico, y la funcionalidad de los servicios de vanguardia que ofreció desde principios de siglo.
Sanborn´s es un lugar mágico, que siempre integra a las comunidades que lo circundan y por lo general armoniza o mejora los lugares donde suele ubicarse. La gente suele sentirse cómoda y segura en Sanborns, sabe que todo lo que puede necesitar ahí se encuentra, a todos nos ha hecho mas gratas las horas de espera y ha contribuido a mantener el equilibrio en los retrasos, bajo el argumento "sí me esperaste una hora, pero estabas en Sanborn´s".
Finalmente, los estridentes colores de los pasteles, de los uniformes de las meseras y de los claveles en la mesa nos hacen recordar que es un lugar mas mexicano que cualquier alameda.
Escrito el 28 de septiembre 2004 @ Sanborn´s Loreto
No recuerdo cuando fue la primera vez en mi vida que pisé un Sanborn´s, seguramente fue en mi muy temprana infancia, lo que si recuerdo es que con mucha frecuencia fui al que está ubicado en Perisur; también al de San Jerónimo y alguna vez al de Azulejos; otro mas que visitaba era el que alguna vez existió en Manacar cuando ahí existía uno de los pocos cines de la ciudad que contaba con instalaciones decentes, el Cine Manacar.
Mi verdadera historia comenzó en el Sanborn´s de Plaza Universidad, que era mi punto de encuentro con mi papá, él y yo nos citábamos (hace como 13 años) en el área de revistas para después ir al cine o a jugar en las pistas de cochecitos eléctricos que había en el Sears. El segundo momento de mi historia comienza cuando con Manelich, Jesús y Miguel me daba cita en el restaurante para "conquistar el mundo" con ellos tres a la vez y en pares o uno de ellos y yo nos solíamos platicar nuestras experiencias, la reseña de los "trascendidos" en la Fundación Telmex y sobre nuestros romances y temas en general.
Sanborn´s en mi juventud ha representado un espacio de convivencia fundamental, ya fuese con mis amigos, mi padre, mis ligues, etc., siempre encontré en el abundante café y las cómodas sillas o sillones, simplemente un lugar donde conversar. Hoy estoy estudiando y en particular recreando un poco a mi espíritu, recordando los momentos que en los distintos restaurantes he pasado y a las personas que en ellos he conocido, las lágrimas propias, de amigas y novias, las veces que me han dado consuelo en estos lugares, los momentos importantes que han sido interrumpidos por la puntual pregunta "esta bien atendido, le puedo ofrecer algo más". En general siempre me he sentido cómodo con el lugar, con la gran variedad de revistas para hojear mientras espero, con las malteadas de chocolate, los huevos divorciados, los molletes y las chimichangas que hacen de Sanborn´s un lugar agradable; eso sin contar la gran aportación que Sanborn´s ha realizado a la ciudad, baños públicos para los "clientes" casi siempre limpios.
Sanborn´s ha sido sello característico de mi querida ciudad, de las avenidas y centros comerciales, indicador del desarrollo económico, patrocinador oficial de las necesidades fisiológicas de los defeños y proveedor oficial de tarjetas de felicitación. Sanborn´s es un punto de encuentro, un lugar de reconciliación, un lugar donde los romances comienzan, terminan y vuelven a comenzar, donde los infieles se encuentran, donde los traidores conspiran, donde los proyectos se imaginan y donde la vida de millones ha transcurrido en algún momento.
Cada Sanborn´s tiene su sello, que es su gente, este por ejemplo (Loreto) es centro de reunión de viejitos y viejitas que suelen desayunar aquí por las mañanas de lunes a sábado, otros como el de Coyoacán es punto de referencia y espera de jóvenes con poco dinero para sentarse en el restaurante pero con una gran capacidad de ver revistas por horas y horas; mi favorito es el de Azulejos, además de ser sitio obligado de visita para los turistas, es el que mantiene el ambiente más puro de lo que Sanborns representa, pues guarda la perfecta armonía del ecléctico público que lo visita, junto con la arquitectura clásica del centro histórico, y la funcionalidad de los servicios de vanguardia que ofreció desde principios de siglo.
Sanborn´s es un lugar mágico, que siempre integra a las comunidades que lo circundan y por lo general armoniza o mejora los lugares donde suele ubicarse. La gente suele sentirse cómoda y segura en Sanborns, sabe que todo lo que puede necesitar ahí se encuentra, a todos nos ha hecho mas gratas las horas de espera y ha contribuido a mantener el equilibrio en los retrasos, bajo el argumento "sí me esperaste una hora, pero estabas en Sanborn´s".
Finalmente, los estridentes colores de los pasteles, de los uniformes de las meseras y de los claveles en la mesa nos hacen recordar que es un lugar mas mexicano que cualquier alameda.
14 noviembre 2004
Deber económico
Que regrese Juárez...!!!
Si, necesitamos que vuelva un prócer como él que a las fuerzas oscuras doblegó...
Cuando era niño y solía platicar con mi papá le decía que yo de grande quería ser rico, además que no era correcto que los pobres o los trabajadores exigieran que los patrones les dieran más de lo que recibían, y otras cosas así, mi papá me decía que yo no tenía conciencia de clase, que existían las clases sociales y que los trabajadores eran oprimidos por los ricos, por los dueños del capital. Yo no lo entendía, insistía que ser rico era casi casi sinónimo de ser bueno y que era muy deseable el buscar ser rico.
Creo que ser rico es bueno, es más, yo de niño lo único que me interesaba ser de grande era ser rico, no sabía como lograrlo, aun sigo sin saberlo, pero ya entendí que eso de la conciencia de clase, que en efecto hubo un despojo originario por parte de una clase dominante y que muchos de los ricos lo son más por privilegio que por mérito. Tal vez sino me hubiera causado curiosidad eso de las clases y la riqueza jamás hubiera estudiado economía y si mis padres no me hubieran insistido en pensar a que clase pertenezco y cuales son mis orígenes y en cambio me hubieran fomentado el ahorro, la inversión, la contabilidad y etc., ya sería rico, pero el hubiera es el pasado pendejativo del verbo haber.
En la actualidad me doy cuenta que tengo más que ver con la gente que se sube al micro que con los que salen en la revista Quién, que en efecto existen las clases sociales y que la conciencia de clase es determinante para el desarrollo de los grupos.
Lamentablemente la clase a la que pertenezco no tiene conciencia de si misma definida, está perdida en el limbo de la incultura televisiva y jamás reflexiona sobre como la acción colectiva puede hacerlos cambiar su situación de vida; en cambio los que tienen una conciencia de clase clara y ejercen su poder individual colectivamente es la clase social de los dueños de los medios de producción y la clase política, un par de segmentos en tamaño pequeño pero en poder inmenso, que de un modo u otro perpetúan un sistema social desigual, basado en el privilegio y no en el mérito, con barreras de entrada imposibles de saltar y totalmente excluyente. Si me refiero a esos que controlan el país desde hace generaciones, los que creen que lo puestos clave en "sus" empresas son sólo para sus parientes, para esos que de la manipulación política y del uso del hambre y la desesperación de la gente se entronaron en el poder. De esos que le venden a las masas programas televisivos de pésima calidad, que usan su poder monopólico para enriquecerse y sacar a otros del mercado, restringiendo la libertad de elección y que expían sus penas en el Teleton.
Pero lo que quiero compartirles es que yo me considero un liberal, que intento practicar el liberalismo económico y que creo que el mercado libre es por excelencia injusto cuando las sociedades no están reguladas por las instituciones de justicia. Creo en la libertad del hombre, en el más puro sentido positivo, pero creo que sólo puede existir libertad donde hay igualdad, no igualdad en un sentido comunista o socialista, sino igualdad de oportunidades, donde exista una amplia libertad negativa, donde los individuos puedan elegir libremente lo que más le place, donde el libre mercado esté libre de monopolios, donde la gente pueda acceder a la educación, salud y alimentación mínimos para un desarrollo pleno, donde las personas a partir de su propio esfuerzo y mérito puedan acceder a los mayores beneficios sociales, donde a cada uno nos toque aquello por lo que luchamos, donde la justicia sea el patrón de igualdad.
"El empresario es un administrador temporal de la riqueza", totalmente de acuerdo, según Slim ese es su ideario empresarial, pero le falta una gran parte a la frase anterior y es "administrador temporal de la riqueza social", toda riqueza es social, la propiedad es sólo un modo de incentivar a la gente a ser mas productiva, pero las empresas no son de los empresarios, son de las sociedades, pues es la sociedad la que permite un orden, la que provee la fuerza de trabajo, la que consume los productos de la industria, la que recircula el capital y lo acrecenta, no son lo empresarios, son lo trabajadores los que mantenemos al país, "la chamba de las empresas" no es dar empleo, sino ser eficientes, estar bien reguladas y darle a cada quien lo que le toca, generando cada día más riqueza y capital social. El derroche de muchos "empresarios" es lo que ha ocasionado el derrumbe de economías enteras, la corrupción de la clase empresarial y la política, la falta de una conciencia social y el pensar que sólo por el mérito propio tienen lo que tienen, esto es lo que hunde a los países.
La existencia de monopolios como Telmex reduce la libertad negativa, es deber del estado impedir que esto suceda, es deber de la sociedad el crear la infraestructura social que amplíe las posibilidades reales de los individuos para que puedan desarrollarse plenamente, existe algo que llamo el "deber económico" y que es la búsqueda social de un mayor bienestar colectivo, de la defensa de los derechos y del mantenimiento de la libertad del hombre, el capitalismo es un vicio de la libertad, porque en la búsqueda obsesiva del beneficio individual se premia el privilegio, se olvida el compromiso social y se hace de los desposeídos subordinados sociales.
Toda acumulación de capital fue en un origen un despojo o un abuso, los monopolios son abusos incluso en el caso de personas como Bill Gates que iniciaron su riqueza de cero. En el caso del despojo no hay ejemplo más claro que el atraso económico y social que vive África, basta con imaginar lo que pasaría en cualquier región donde los hombres y mujeres jóvenes y fuertes fueran raptados para trabajar como esclavos en otros lugares dejando en sus comunidades a niños y viejos improductivos, eso fue un despojo; es un abuso contratar mexicanos en EUA a precio de regalo bajo el argumento de "ser ilegales".
El deber económico es un compromiso moral con aquellos que sostienen a la economía, es una búsqueda continua del mantenimiento de la libertad y los derechos sociales, es el mantenimiento y la procuración de la justicia.
El mercado es sólo un punto donde se realiza el intercambio de los productos del trabajo, mientras más libre sea este mayor será el beneficio colectivo que se logra y mayor la libertad de los individuos de elegir aquello que más satisfacción les de.
Soy un liberal y mi clase social es la más carente de conciencia de clase. La identidad forma grupos, los grupos ordenan sus prioridades. "Sólo se puede luchar por aquello que se quiere; se quiere lo que se respeta y se puede respetar únicamente lo que por lo menos, se conoce" (Hitler; Mein Kampf, p. 19) sino tomamos conciencia de quienes somos jamás lucharemos por nosotros mismo.
P.D.
Hoy desayuné con mi amigo Miguel Ángel, dentro de la plática saqué un nuevo término, la cultura del nefastismo, que significa entre otras cosas lo nefastos que somos los mexicanos para realizar nuestras obligaciones, donde la búsqueda del menor esfuerzo se transforma en el abuso, el robo, la negligencia, la ignorancia, donde el estudiante no estudia, donde el trabajador hace como que trabaja, donde el vendedor tima y donde el servidor público no sirve.
Que regrese Juárez...!!!
Si, necesitamos que vuelva un prócer como él que a las fuerzas oscuras doblegó...
Cuando era niño y solía platicar con mi papá le decía que yo de grande quería ser rico, además que no era correcto que los pobres o los trabajadores exigieran que los patrones les dieran más de lo que recibían, y otras cosas así, mi papá me decía que yo no tenía conciencia de clase, que existían las clases sociales y que los trabajadores eran oprimidos por los ricos, por los dueños del capital. Yo no lo entendía, insistía que ser rico era casi casi sinónimo de ser bueno y que era muy deseable el buscar ser rico.
Creo que ser rico es bueno, es más, yo de niño lo único que me interesaba ser de grande era ser rico, no sabía como lograrlo, aun sigo sin saberlo, pero ya entendí que eso de la conciencia de clase, que en efecto hubo un despojo originario por parte de una clase dominante y que muchos de los ricos lo son más por privilegio que por mérito. Tal vez sino me hubiera causado curiosidad eso de las clases y la riqueza jamás hubiera estudiado economía y si mis padres no me hubieran insistido en pensar a que clase pertenezco y cuales son mis orígenes y en cambio me hubieran fomentado el ahorro, la inversión, la contabilidad y etc., ya sería rico, pero el hubiera es el pasado pendejativo del verbo haber.
En la actualidad me doy cuenta que tengo más que ver con la gente que se sube al micro que con los que salen en la revista Quién, que en efecto existen las clases sociales y que la conciencia de clase es determinante para el desarrollo de los grupos.
Lamentablemente la clase a la que pertenezco no tiene conciencia de si misma definida, está perdida en el limbo de la incultura televisiva y jamás reflexiona sobre como la acción colectiva puede hacerlos cambiar su situación de vida; en cambio los que tienen una conciencia de clase clara y ejercen su poder individual colectivamente es la clase social de los dueños de los medios de producción y la clase política, un par de segmentos en tamaño pequeño pero en poder inmenso, que de un modo u otro perpetúan un sistema social desigual, basado en el privilegio y no en el mérito, con barreras de entrada imposibles de saltar y totalmente excluyente. Si me refiero a esos que controlan el país desde hace generaciones, los que creen que lo puestos clave en "sus" empresas son sólo para sus parientes, para esos que de la manipulación política y del uso del hambre y la desesperación de la gente se entronaron en el poder. De esos que le venden a las masas programas televisivos de pésima calidad, que usan su poder monopólico para enriquecerse y sacar a otros del mercado, restringiendo la libertad de elección y que expían sus penas en el Teleton.
Pero lo que quiero compartirles es que yo me considero un liberal, que intento practicar el liberalismo económico y que creo que el mercado libre es por excelencia injusto cuando las sociedades no están reguladas por las instituciones de justicia. Creo en la libertad del hombre, en el más puro sentido positivo, pero creo que sólo puede existir libertad donde hay igualdad, no igualdad en un sentido comunista o socialista, sino igualdad de oportunidades, donde exista una amplia libertad negativa, donde los individuos puedan elegir libremente lo que más le place, donde el libre mercado esté libre de monopolios, donde la gente pueda acceder a la educación, salud y alimentación mínimos para un desarrollo pleno, donde las personas a partir de su propio esfuerzo y mérito puedan acceder a los mayores beneficios sociales, donde a cada uno nos toque aquello por lo que luchamos, donde la justicia sea el patrón de igualdad.
"El empresario es un administrador temporal de la riqueza", totalmente de acuerdo, según Slim ese es su ideario empresarial, pero le falta una gran parte a la frase anterior y es "administrador temporal de la riqueza social", toda riqueza es social, la propiedad es sólo un modo de incentivar a la gente a ser mas productiva, pero las empresas no son de los empresarios, son de las sociedades, pues es la sociedad la que permite un orden, la que provee la fuerza de trabajo, la que consume los productos de la industria, la que recircula el capital y lo acrecenta, no son lo empresarios, son lo trabajadores los que mantenemos al país, "la chamba de las empresas" no es dar empleo, sino ser eficientes, estar bien reguladas y darle a cada quien lo que le toca, generando cada día más riqueza y capital social. El derroche de muchos "empresarios" es lo que ha ocasionado el derrumbe de economías enteras, la corrupción de la clase empresarial y la política, la falta de una conciencia social y el pensar que sólo por el mérito propio tienen lo que tienen, esto es lo que hunde a los países.
La existencia de monopolios como Telmex reduce la libertad negativa, es deber del estado impedir que esto suceda, es deber de la sociedad el crear la infraestructura social que amplíe las posibilidades reales de los individuos para que puedan desarrollarse plenamente, existe algo que llamo el "deber económico" y que es la búsqueda social de un mayor bienestar colectivo, de la defensa de los derechos y del mantenimiento de la libertad del hombre, el capitalismo es un vicio de la libertad, porque en la búsqueda obsesiva del beneficio individual se premia el privilegio, se olvida el compromiso social y se hace de los desposeídos subordinados sociales.
Toda acumulación de capital fue en un origen un despojo o un abuso, los monopolios son abusos incluso en el caso de personas como Bill Gates que iniciaron su riqueza de cero. En el caso del despojo no hay ejemplo más claro que el atraso económico y social que vive África, basta con imaginar lo que pasaría en cualquier región donde los hombres y mujeres jóvenes y fuertes fueran raptados para trabajar como esclavos en otros lugares dejando en sus comunidades a niños y viejos improductivos, eso fue un despojo; es un abuso contratar mexicanos en EUA a precio de regalo bajo el argumento de "ser ilegales".
El deber económico es un compromiso moral con aquellos que sostienen a la economía, es una búsqueda continua del mantenimiento de la libertad y los derechos sociales, es el mantenimiento y la procuración de la justicia.
El mercado es sólo un punto donde se realiza el intercambio de los productos del trabajo, mientras más libre sea este mayor será el beneficio colectivo que se logra y mayor la libertad de los individuos de elegir aquello que más satisfacción les de.
Soy un liberal y mi clase social es la más carente de conciencia de clase. La identidad forma grupos, los grupos ordenan sus prioridades. "Sólo se puede luchar por aquello que se quiere; se quiere lo que se respeta y se puede respetar únicamente lo que por lo menos, se conoce" (Hitler; Mein Kampf, p. 19) sino tomamos conciencia de quienes somos jamás lucharemos por nosotros mismo.
P.D.
Hoy desayuné con mi amigo Miguel Ángel, dentro de la plática saqué un nuevo término, la cultura del nefastismo, que significa entre otras cosas lo nefastos que somos los mexicanos para realizar nuestras obligaciones, donde la búsqueda del menor esfuerzo se transforma en el abuso, el robo, la negligencia, la ignorancia, donde el estudiante no estudia, donde el trabajador hace como que trabaja, donde el vendedor tima y donde el servidor público no sirve.
11 noviembre 2004
10 noviembre 2004
Se busca shelter...
El murmullo de las voces, el calor que genera la caldera, el olor que se respira en el aire, los amigos que se encuentran, los novios que discuten, las mujeres inquietas que esperan a sus parejas y las amigas que lloran en el hombro de otras por alguna decepción o angustia.
Los cafés en la ciudad tienen muchas peculiaridades, recuerdo que no hace mucho comenzó un nuevo boom de los cafés; antes había más ese tipo de restaurantes con servicio de cafetería ideales para "las señoras", sí, esos lugares aburridos y con manteles, que parecen un Sanborns fresa más que un auténtico café. Hoy la oferta es muy amplia, hay desde el clásico Sanborns hasta el moderno y globalizado Starbucks.
Yo empecé a ir a los cafés desde muy chico, iba con mis tías, hermanas y mamá a lugares como Los Bisquets de Obregón, luego al Vips de San Jerónimo cuando se puso de moda, también al Gino's que está frente al edificio del Melate. En todos esos lugares yo tomaba cualquier cosa excepto café, no me gustaba. Hasta que por el año 1994 llegó a México la primera franquicia de Gloria Jean's, que estaba ubicado en la parte baja de Galerías Insurgentes, cuando lo conocí por primera vez fue porque mi papá me compro un Latte con crema y chispas de chocolate que me encantó. Desde entonces prefiero ese tipo de cafés.
Visito con mucha frecuencia Sanborns, por dos razones: los baños y mucho café por poco dinero, pero prefiero lugares como La Selva Café. Comencé a ir a los cafés solo desde que estaba en el CCH, solía ir a los cines del Centro Cultural Universitario, yo entraba gratis, nadie solía acompañarme, yo me compraba capuchinos en la cafetería y a veces leía revistas y comía ahí mientras mi función empezaba. Pero no fue hasta que comencé a ir, solo también, a la Cineteca Nacional cuando me sentaba por horas en el café Finca de Veracruz que está ahí, leía mis libros, pocos entonces, que llevaba para leer mientras iniciaba la película, disfrutaba mucho estar sentado ahí bajo el frondoso árbol que hay, a veces comía pizza y tomaba mucha Coca-Cola, de ahí me gustaban la niñas gipiosas, ver a los intelectualoides haciendo cara de inteligentes frente a algún cartel y escuchar a los izquierdoides, con su Jornada bajo el brazo, decir lo mal que estaba el país
Durante mis años con Yunuén fui muy poco a los cafés, lo nuestro era mas los restaurantes y el cine; pero después de ella me hice muy afecto a visitar los cafés de Polanco, mi favorito es The Coffee Bar que está en la esquina de Arquímedes y Mazarik. De ahí evolucione a los Café la Selva, principalmente el de Coyoacán, luego fui mucho al Café Deseo, que sus atractivas meseras despertaban, está ubicado en la glorieta de Amores y División del Norte. Luego por fin me amarchanté como un cafetero lector profesional en el Café la Selva de la Condesa, ahí leí muchísimos libros, hice muchas tareas, vi rotar al personal frecuentemente y conocí a varias personas que como yo solían visitarlo con frecuencia.
Lo que me gusta de los cafés es la gente, disfruto el murmullo que me ayuda a concentrarme, cuando me aburro de leer, estudiar o escribir miro hacía cualquier lado, de preferencia donde haya una minifalda o alguna cara bonita; ya despabilado me vuelvo a concentrar en lo mío. Lo incomodo de ir con mucha frecuencia a un café es que los empleados te reconocen, comienzan a hacerte la plática y te distraen, cuando no les caigo bien hacen jetas, ¿que acaso no pueden simplemente hacer su trabajo?
En el Cafe la Selva hice buenos camaradas cafeteros, ligué con un par de meseras y finalmente me terminé cansando del lugar, pues entre un baño realmente asqueroso, un policía muy metiche y un encargado neurótico y jetón hicieron que mi estancia ya no fuera placentera.
Tuve que buscan un nuevo refugio (shelter), un lugar donde estar para hacer lo mío, donde hubiera periódico y baño cómodo, donde los precios fueran accesibles y donde fuera gente bonita. Lo encontré, se llama Café Toscano, está en la esquina mágica de Michoacán y Av. México, frente al parque del lado oriente. Es un lugar minimalista en su diseño, con excelente café marca Illy y con servicio y baño medianamente aceptable, me lo recomendó un camarada cafetero llamado Bolívar, un psicólogo sesentón con reminiscencias de adolescente.
El Café Toscano me gusta, hay todo lo indispensable para pasarla cómodamente, una exagerada cantidad de niñas bonitas, una vista hermosa, un muy buen café, excepto meseros profesionales, es el colmo que para ser bien atendido uno deba ser cuate del patético empleado que siente que el local es suyo.
Ahora debo confesar mi pecado, si he caído en lo más bajo del imperialismo yanqui, debo admitirlo Starbucks me ha ganado como uno de sus más frecuentes clientes. Pero no es mi culpa, es la de ellos, sus salas son muy cómodas, sus baños son impecables, sus empleados están excelentemente bien amaestrados y todos fingen que les caigo bien, con una sola tasa de café puedo estar horas y horas leyendo y nadie me ofrece, con cara de compra, más tasas de café; tienen suficientes ejemplares del periódico Reforma como para no esperar a que alguien más lo desocupe y como si fuera poco es el lugar por excelencia para las niñas bonitas y fresitas que me gustan. ¿Qué puedo hacer? La verdad el café no se me hace muy bueno, pero ya encontré las mezclas más aceptables, los precios son exorbitantes y la música se repite ad-inifinitum. Pero, queda cerca de mi casa, cierra tarde, está impecable y las mesas nunca se tambalean, debo admitir que ya casi no voy a mis cafés favoritos. ¿Triste, no?
El murmullo de las voces, el calor que genera la caldera, el olor que se respira en el aire, los amigos que se encuentran, los novios que discuten, las mujeres inquietas que esperan a sus parejas y las amigas que lloran en el hombro de otras por alguna decepción o angustia.
Los cafés en la ciudad tienen muchas peculiaridades, recuerdo que no hace mucho comenzó un nuevo boom de los cafés; antes había más ese tipo de restaurantes con servicio de cafetería ideales para "las señoras", sí, esos lugares aburridos y con manteles, que parecen un Sanborns fresa más que un auténtico café. Hoy la oferta es muy amplia, hay desde el clásico Sanborns hasta el moderno y globalizado Starbucks.
Yo empecé a ir a los cafés desde muy chico, iba con mis tías, hermanas y mamá a lugares como Los Bisquets de Obregón, luego al Vips de San Jerónimo cuando se puso de moda, también al Gino's que está frente al edificio del Melate. En todos esos lugares yo tomaba cualquier cosa excepto café, no me gustaba. Hasta que por el año 1994 llegó a México la primera franquicia de Gloria Jean's, que estaba ubicado en la parte baja de Galerías Insurgentes, cuando lo conocí por primera vez fue porque mi papá me compro un Latte con crema y chispas de chocolate que me encantó. Desde entonces prefiero ese tipo de cafés.
Visito con mucha frecuencia Sanborns, por dos razones: los baños y mucho café por poco dinero, pero prefiero lugares como La Selva Café. Comencé a ir a los cafés solo desde que estaba en el CCH, solía ir a los cines del Centro Cultural Universitario, yo entraba gratis, nadie solía acompañarme, yo me compraba capuchinos en la cafetería y a veces leía revistas y comía ahí mientras mi función empezaba. Pero no fue hasta que comencé a ir, solo también, a la Cineteca Nacional cuando me sentaba por horas en el café Finca de Veracruz que está ahí, leía mis libros, pocos entonces, que llevaba para leer mientras iniciaba la película, disfrutaba mucho estar sentado ahí bajo el frondoso árbol que hay, a veces comía pizza y tomaba mucha Coca-Cola, de ahí me gustaban la niñas gipiosas, ver a los intelectualoides haciendo cara de inteligentes frente a algún cartel y escuchar a los izquierdoides, con su Jornada bajo el brazo, decir lo mal que estaba el país
Durante mis años con Yunuén fui muy poco a los cafés, lo nuestro era mas los restaurantes y el cine; pero después de ella me hice muy afecto a visitar los cafés de Polanco, mi favorito es The Coffee Bar que está en la esquina de Arquímedes y Mazarik. De ahí evolucione a los Café la Selva, principalmente el de Coyoacán, luego fui mucho al Café Deseo, que sus atractivas meseras despertaban, está ubicado en la glorieta de Amores y División del Norte. Luego por fin me amarchanté como un cafetero lector profesional en el Café la Selva de la Condesa, ahí leí muchísimos libros, hice muchas tareas, vi rotar al personal frecuentemente y conocí a varias personas que como yo solían visitarlo con frecuencia.
Lo que me gusta de los cafés es la gente, disfruto el murmullo que me ayuda a concentrarme, cuando me aburro de leer, estudiar o escribir miro hacía cualquier lado, de preferencia donde haya una minifalda o alguna cara bonita; ya despabilado me vuelvo a concentrar en lo mío. Lo incomodo de ir con mucha frecuencia a un café es que los empleados te reconocen, comienzan a hacerte la plática y te distraen, cuando no les caigo bien hacen jetas, ¿que acaso no pueden simplemente hacer su trabajo?
En el Cafe la Selva hice buenos camaradas cafeteros, ligué con un par de meseras y finalmente me terminé cansando del lugar, pues entre un baño realmente asqueroso, un policía muy metiche y un encargado neurótico y jetón hicieron que mi estancia ya no fuera placentera.
Tuve que buscan un nuevo refugio (shelter), un lugar donde estar para hacer lo mío, donde hubiera periódico y baño cómodo, donde los precios fueran accesibles y donde fuera gente bonita. Lo encontré, se llama Café Toscano, está en la esquina mágica de Michoacán y Av. México, frente al parque del lado oriente. Es un lugar minimalista en su diseño, con excelente café marca Illy y con servicio y baño medianamente aceptable, me lo recomendó un camarada cafetero llamado Bolívar, un psicólogo sesentón con reminiscencias de adolescente.
El Café Toscano me gusta, hay todo lo indispensable para pasarla cómodamente, una exagerada cantidad de niñas bonitas, una vista hermosa, un muy buen café, excepto meseros profesionales, es el colmo que para ser bien atendido uno deba ser cuate del patético empleado que siente que el local es suyo.
Ahora debo confesar mi pecado, si he caído en lo más bajo del imperialismo yanqui, debo admitirlo Starbucks me ha ganado como uno de sus más frecuentes clientes. Pero no es mi culpa, es la de ellos, sus salas son muy cómodas, sus baños son impecables, sus empleados están excelentemente bien amaestrados y todos fingen que les caigo bien, con una sola tasa de café puedo estar horas y horas leyendo y nadie me ofrece, con cara de compra, más tasas de café; tienen suficientes ejemplares del periódico Reforma como para no esperar a que alguien más lo desocupe y como si fuera poco es el lugar por excelencia para las niñas bonitas y fresitas que me gustan. ¿Qué puedo hacer? La verdad el café no se me hace muy bueno, pero ya encontré las mezclas más aceptables, los precios son exorbitantes y la música se repite ad-inifinitum. Pero, queda cerca de mi casa, cierra tarde, está impecable y las mesas nunca se tambalean, debo admitir que ya casi no voy a mis cafés favoritos. ¿Triste, no?
07 noviembre 2004
Días de gula...
El Sushi Móvil es propiedad de un chiapaneco llamado Juan, cuya familia vive en Hidalgo y no importando lo amarillento de su morena piel y sus de ojos rasgados jura ser muy mexicano y no haber pisado jamás Japón. El Sushi Móvil es una historia de éxito inició, según sé, por el 98; Juan trabajaba en un restaurante japonés, donde aprendió la técnica culinaria, junto con su hermano y cuñada iniciaron el changarro, que para el 2000 era un puesto de acero inoxidable con tres hornillas, una barra y una mesa con muchos bancos. En la actualidad el Sushi Móvil dio el brinco a la formalidad, ahora rentan una ex-fonda en la esquina de Salamanca y Sinaloa, a una cuadra de Durango, su gran defecto es que ha perdido la originalidad y Juan sigue abriendo locales por otros lados, situación por la cual ya no atiende ni prepara la comida él.
La especialidad del Sushi Móvil es el mini pastel de sushi, combinación de salmón, aguacate, hueva de pescado, queso philadelfia, camarón y cangrejo; el kushiague de queso y los tepanaykis en sus seis distintas combinaciones son exquisitos. Juan hacía los rollos, su hermano todo aquello que fuera asado o frito, y su cuñada cobraba, tomaba las órdenes, limpiaba, servia los refrescos y nunca hacía jetas cuando le dabas un billete de alta denominación, tenía harta lana en su cajita de lámina de fierro. Por cierto en el nuevo local es ella quien lo administra.
Mi historia de Sushi Móvil inició con Yunuén, ella le emocionaba mucho comer ahí, cuando dejamos de andar yo comencé a ir solo los sábados, luego cuando trabajé en Blitz, haciendo el portal del Centro Histórico, en la calle de Durando a una cuadra, comía ahí al menos tres veces a la semana; me gasté miles de pesos en sushi en aquellos seis meses; cuando deje de trabajar y después de aborrecer el sushi que me salía sushi por los ojos y la barriga, además de la escasez de dinero; dejé de ir por varios meses. Cuando regresé a buscarlo, mi sorpresa fue no encontrarlo hasta que uno de sus ciclistas repartidores de sushi me indicó la nueva dirección.
Al Sushi Móvil he ido con varias personas, Alicia, Yunuén, Alejandra, Erika y algunos compañeros de Blitz, creo que con nadie más; nunca he logrado convencer a mi papá de ir conmigo, tampoco me logre coordinar nunca con Cathy, la esposa de Manelich, para comer ahí. Sinceramente el Sushi Móvil lo disfruté mucho yo solo, pecando de gula.
Cuando trabajaba en el edificio de la bolsa, con el Dr. Konzevik, de cuando en cuando solía ir a comer ahí, ya fuera antes de llegar a la oficina o saliendo, según conviniese a mi horario. Solía platicar con Juan, varias veces me preguntó que creía yo que lo haría reducir sus costos, le hice algunas sugerencias bastante malas, entre ellas usar comandas impresas que algún tiempo usó. Juan tiene una hija que le dicen Fany, su nombre real lo ignoro, ella trabajó por mucho tiempo en el puesto hasta que uno de los chicos que Juan contrató para ayudarlo con los guisos fritos hizo de las suyas con ella; conclusión se casaron, tienen un bebe y se fueron a vivir a Hidalgo con el resto de la familia.
La clientela era mixta pero fresa, tanto oficinistas jóvenes de la zona como gente que vivé en la colonia. Solían ir niñas guapas de la UDLAP que está en la calle de Puebla, también alguna que otra extraviada que conoció el lugar cuando fue de compras al bazar de la fuente de la Cibeles los días sábados. El estacionamiento era en doble fila, situación conveniente para los franeleros, patrulleros en grúa y demás gandules.
Hoy el Sushi Móvil es un pequeño recuerdo de una idea muy mexicana; que el éxito lo llevó a ser un negocio formal y dejar lo artesanal y novedoso fuera. Hoy la gente que visita el local es menos selecta, se enfocan más a surtir los pedidos que en atender a los comensales, otra desventaja es la rotación del personal, su rápida capacitación y su lento perfeccionamiento en la técnica. Sin embargo el sushi sigue siendo lo suficientemente barato y bueno como para seguir comiendo ahí de vez en mes.
El Sushi Móvil es propiedad de un chiapaneco llamado Juan, cuya familia vive en Hidalgo y no importando lo amarillento de su morena piel y sus de ojos rasgados jura ser muy mexicano y no haber pisado jamás Japón. El Sushi Móvil es una historia de éxito inició, según sé, por el 98; Juan trabajaba en un restaurante japonés, donde aprendió la técnica culinaria, junto con su hermano y cuñada iniciaron el changarro, que para el 2000 era un puesto de acero inoxidable con tres hornillas, una barra y una mesa con muchos bancos. En la actualidad el Sushi Móvil dio el brinco a la formalidad, ahora rentan una ex-fonda en la esquina de Salamanca y Sinaloa, a una cuadra de Durango, su gran defecto es que ha perdido la originalidad y Juan sigue abriendo locales por otros lados, situación por la cual ya no atiende ni prepara la comida él.
La especialidad del Sushi Móvil es el mini pastel de sushi, combinación de salmón, aguacate, hueva de pescado, queso philadelfia, camarón y cangrejo; el kushiague de queso y los tepanaykis en sus seis distintas combinaciones son exquisitos. Juan hacía los rollos, su hermano todo aquello que fuera asado o frito, y su cuñada cobraba, tomaba las órdenes, limpiaba, servia los refrescos y nunca hacía jetas cuando le dabas un billete de alta denominación, tenía harta lana en su cajita de lámina de fierro. Por cierto en el nuevo local es ella quien lo administra.
Mi historia de Sushi Móvil inició con Yunuén, ella le emocionaba mucho comer ahí, cuando dejamos de andar yo comencé a ir solo los sábados, luego cuando trabajé en Blitz, haciendo el portal del Centro Histórico, en la calle de Durando a una cuadra, comía ahí al menos tres veces a la semana; me gasté miles de pesos en sushi en aquellos seis meses; cuando deje de trabajar y después de aborrecer el sushi que me salía sushi por los ojos y la barriga, además de la escasez de dinero; dejé de ir por varios meses. Cuando regresé a buscarlo, mi sorpresa fue no encontrarlo hasta que uno de sus ciclistas repartidores de sushi me indicó la nueva dirección.
Al Sushi Móvil he ido con varias personas, Alicia, Yunuén, Alejandra, Erika y algunos compañeros de Blitz, creo que con nadie más; nunca he logrado convencer a mi papá de ir conmigo, tampoco me logre coordinar nunca con Cathy, la esposa de Manelich, para comer ahí. Sinceramente el Sushi Móvil lo disfruté mucho yo solo, pecando de gula.
Cuando trabajaba en el edificio de la bolsa, con el Dr. Konzevik, de cuando en cuando solía ir a comer ahí, ya fuera antes de llegar a la oficina o saliendo, según conviniese a mi horario. Solía platicar con Juan, varias veces me preguntó que creía yo que lo haría reducir sus costos, le hice algunas sugerencias bastante malas, entre ellas usar comandas impresas que algún tiempo usó. Juan tiene una hija que le dicen Fany, su nombre real lo ignoro, ella trabajó por mucho tiempo en el puesto hasta que uno de los chicos que Juan contrató para ayudarlo con los guisos fritos hizo de las suyas con ella; conclusión se casaron, tienen un bebe y se fueron a vivir a Hidalgo con el resto de la familia.
La clientela era mixta pero fresa, tanto oficinistas jóvenes de la zona como gente que vivé en la colonia. Solían ir niñas guapas de la UDLAP que está en la calle de Puebla, también alguna que otra extraviada que conoció el lugar cuando fue de compras al bazar de la fuente de la Cibeles los días sábados. El estacionamiento era en doble fila, situación conveniente para los franeleros, patrulleros en grúa y demás gandules.
Hoy el Sushi Móvil es un pequeño recuerdo de una idea muy mexicana; que el éxito lo llevó a ser un negocio formal y dejar lo artesanal y novedoso fuera. Hoy la gente que visita el local es menos selecta, se enfocan más a surtir los pedidos que en atender a los comensales, otra desventaja es la rotación del personal, su rápida capacitación y su lento perfeccionamiento en la técnica. Sin embargo el sushi sigue siendo lo suficientemente barato y bueno como para seguir comiendo ahí de vez en mes.
06 noviembre 2004
Tiempo, dinero y vida
Las personas trabajamos para tener dinero, para poder vivir, para consumir, construir y consumar proyectos, intercambiamos nuestro tiempo por dinero, no importando si se es el más humilde obrero o el más acaudalado empresario, hay tiempo de por medio para lograr crear lo que uno desea, ese tiempo es la vida, obtenemos dinero a cambio de nuestra vida.
La inflación es el crecimiento en los precios, cuando la inflación es muy alta todo se encarece, se necesita invertir más tiempo, más vida, en el trabajo para lograr hacer y tener lo que uno compra con el dinero, la inflación es el abuso más cruel que existe, pues este le roba la vida a las personas.
Las personas trabajamos para tener dinero, para poder vivir, para consumir, construir y consumar proyectos, intercambiamos nuestro tiempo por dinero, no importando si se es el más humilde obrero o el más acaudalado empresario, hay tiempo de por medio para lograr crear lo que uno desea, ese tiempo es la vida, obtenemos dinero a cambio de nuestra vida.
La inflación es el crecimiento en los precios, cuando la inflación es muy alta todo se encarece, se necesita invertir más tiempo, más vida, en el trabajo para lograr hacer y tener lo que uno compra con el dinero, la inflación es el abuso más cruel que existe, pues este le roba la vida a las personas.
05 noviembre 2004
Sobre la Condesa...
De la Condesa me enamoré del modo en que uno se enamora de una desconocida, por sorpresa. Creo que la primera vez que la conocí fue cuando mi Papá por alguna ocasión especial me llevó a comer a la Fonda Garufa, no fue hasta mucho tiempo después cuando la volví a visitar, creo fue hace seis años, que llevé a Yunuén a comer al mismo sitio.
Pero mi historia con la Condesa es solitaria, si bien he estado ahí con mi familia, amigos y ligues; ha sido mucho mayor el tiempo que he pasado solo. El primer lugar que comencé a visitar fue el inolvidable Sushi Móvil, en ese entonces 1999 era solo un puesto callejero situado en la esquina de Colima y Medellín. Un sábado caminaba por allí con Yunuén, habíamos ido al Palacio de Hierro de Durando, cuando de repente el hambre y el ojo alerta nos hicieron percatarnos del tipo de comida que los comensales disfrutaban; es sushi dijimos; por la locación y la novedad fue sorpresivo, no importando la sencillez del puesto, parecía más un puesto de quesadillas, nos animamos a sentarnos y probar la comida. Sobre el Sushi Móvil daré detalles luego.
Pero está es la historia de mi enamoramiento con la Condesa, mujer de cien años, miles de calles y hermosos jardines y fuentes. Cuando trabajé en Blitz comencé a ir al Café la Selva en la casi esquina de Vicente Suárez y Tamaulipas, de allí me gustaba sentarme a leer, ver a las coquetas mujeres pasar sobre la banqueta, tomar la barata tasa de café que ofrecen y sufrir por su sucio baño; cuando realmente me volví un cliente asiduo fue cuando regresé a vivir con mi Mamá, iba durante horas, tomaba poco café y leía mis libros y los periódicos que ahí hay, con casi con todos los meseros me lleve bien, en especial con Marcela una chica odontóloga, lesbiana, de veinte años que vivía con su novia de 23 y la hija de ella en la casa de la suegra, niña muy coqueta que aún a pesar de no preferir a los hombres seguía gozando con nosotros de aquello que si le gustaba.
Creo que lo que realmente me enamoró de la Condesa fue la soledad de sus fuentes, existen varias en el circuito de Amsterdam, cuando iba al Sushi Móvil en aquella temporada de depresión y soltería cuando ya había cortado a Yunuén y no había conocido a Alicia, caminaba por allí y me sentaba a ver caer el agua, eso lo sigo disfrutando.
Ahora voy un poco al Café Toscano, ubicado en la esquina mágica de Michoacán y Parque México, este es un lugar encantador, tiene todo: un baño limpio, excelente café marca Illy y una vista armoniosa, llena de árboles, sol y minifaldas. Este lugar de la Condesa es un escaparate, se va ahí para ser visto, es una vitrina; van personas de lo más cosmopolitas y algunos colados. Como todo tiene su defecto y es el personal, patéticos empleados pedantes que sienten que el changarro es suyo y que para merecer ser bien atendido tienes que ser su cuate o ya valió.
De la Condesa lo que más me gusta es caminar por sus calles, ver las fachadas y escoger los edificios en que me gustaría vivir. He caminado por casi todas sus calles, visto infinidad de fachadas a todas horas, ver nuevos lugares abrir y cerrar en meses, disfrutar del ambiente de barrio que hacen sus asiduos visitantes, contemplar las escenas de policías y ladrones, de novios quedando bien con sus novias fresas y ser crítico de la pésima organización de sus valets.
Hoy fui al Sushi Móvil y al Café Toscano, sentí el frió aire que soplaba del oeste y me corté el cabello en una antigua barbería, con un clásico peluquero setentón.
De la Condesa me enamoré caminándola, conociéndola, platicando con sus calles y soñando con sus edificios, escribiendo en sus parques, refugiándome en sus cafés y comiendo en sus restaurantes; viendo a su gente, escuchando el murmullo de las fuentes, en sí, me enamore haciéndola una gran parte de mi vida. No vivo en la Condesa todavía, ha sido una novia fiel, ha coqueteado conmigo y yo he suspirado por ella.
De la Condesa me enamoré del modo en que uno se enamora de una desconocida, por sorpresa. Creo que la primera vez que la conocí fue cuando mi Papá por alguna ocasión especial me llevó a comer a la Fonda Garufa, no fue hasta mucho tiempo después cuando la volví a visitar, creo fue hace seis años, que llevé a Yunuén a comer al mismo sitio.
Pero mi historia con la Condesa es solitaria, si bien he estado ahí con mi familia, amigos y ligues; ha sido mucho mayor el tiempo que he pasado solo. El primer lugar que comencé a visitar fue el inolvidable Sushi Móvil, en ese entonces 1999 era solo un puesto callejero situado en la esquina de Colima y Medellín. Un sábado caminaba por allí con Yunuén, habíamos ido al Palacio de Hierro de Durando, cuando de repente el hambre y el ojo alerta nos hicieron percatarnos del tipo de comida que los comensales disfrutaban; es sushi dijimos; por la locación y la novedad fue sorpresivo, no importando la sencillez del puesto, parecía más un puesto de quesadillas, nos animamos a sentarnos y probar la comida. Sobre el Sushi Móvil daré detalles luego.
Pero está es la historia de mi enamoramiento con la Condesa, mujer de cien años, miles de calles y hermosos jardines y fuentes. Cuando trabajé en Blitz comencé a ir al Café la Selva en la casi esquina de Vicente Suárez y Tamaulipas, de allí me gustaba sentarme a leer, ver a las coquetas mujeres pasar sobre la banqueta, tomar la barata tasa de café que ofrecen y sufrir por su sucio baño; cuando realmente me volví un cliente asiduo fue cuando regresé a vivir con mi Mamá, iba durante horas, tomaba poco café y leía mis libros y los periódicos que ahí hay, con casi con todos los meseros me lleve bien, en especial con Marcela una chica odontóloga, lesbiana, de veinte años que vivía con su novia de 23 y la hija de ella en la casa de la suegra, niña muy coqueta que aún a pesar de no preferir a los hombres seguía gozando con nosotros de aquello que si le gustaba.
Creo que lo que realmente me enamoró de la Condesa fue la soledad de sus fuentes, existen varias en el circuito de Amsterdam, cuando iba al Sushi Móvil en aquella temporada de depresión y soltería cuando ya había cortado a Yunuén y no había conocido a Alicia, caminaba por allí y me sentaba a ver caer el agua, eso lo sigo disfrutando.
Ahora voy un poco al Café Toscano, ubicado en la esquina mágica de Michoacán y Parque México, este es un lugar encantador, tiene todo: un baño limpio, excelente café marca Illy y una vista armoniosa, llena de árboles, sol y minifaldas. Este lugar de la Condesa es un escaparate, se va ahí para ser visto, es una vitrina; van personas de lo más cosmopolitas y algunos colados. Como todo tiene su defecto y es el personal, patéticos empleados pedantes que sienten que el changarro es suyo y que para merecer ser bien atendido tienes que ser su cuate o ya valió.
De la Condesa lo que más me gusta es caminar por sus calles, ver las fachadas y escoger los edificios en que me gustaría vivir. He caminado por casi todas sus calles, visto infinidad de fachadas a todas horas, ver nuevos lugares abrir y cerrar en meses, disfrutar del ambiente de barrio que hacen sus asiduos visitantes, contemplar las escenas de policías y ladrones, de novios quedando bien con sus novias fresas y ser crítico de la pésima organización de sus valets.
Hoy fui al Sushi Móvil y al Café Toscano, sentí el frió aire que soplaba del oeste y me corté el cabello en una antigua barbería, con un clásico peluquero setentón.
De la Condesa me enamoré caminándola, conociéndola, platicando con sus calles y soñando con sus edificios, escribiendo en sus parques, refugiándome en sus cafés y comiendo en sus restaurantes; viendo a su gente, escuchando el murmullo de las fuentes, en sí, me enamore haciéndola una gran parte de mi vida. No vivo en la Condesa todavía, ha sido una novia fiel, ha coqueteado conmigo y yo he suspirado por ella.
15 julio 2003
UPDATE: Mi vida reciente...
Los que realmente me conocen sabran que lo más importante que me ha pasado en el último mes es en orden de importancia:
1.- La muerte de Priscila (mi gata)
2.- Regresar a la casa de mi madre... despues de 3.5 años de vivir sólo...
3.- Cortar con Alicia (mi novia)... siempre es dificil dejar a quien amas... la confusión... es la constante...
Saben... nunca me había dolido tanto perder a alguien... Priscila fué para mí el objeto de amor más valioso que he tenido... lo demás es lo de menos... regresar a vivir con mi madre... sólo es transitorio... consecuencia de decisiones que he tomado a lo largo del último año... me cala... pero no me pesa... simplemente es un momento de regresar a casa para tomar fuerzas y poder despegar con más potencia... en los últimos 5 años he tomado un sin fin de decisiones que me han hecho llegar a este punto... he avanzado súbitamente y he caído drásticamente...
Los que realmente me conocen sabran que lo más importante que me ha pasado en el último mes es en orden de importancia:
1.- La muerte de Priscila (mi gata)
2.- Regresar a la casa de mi madre... despues de 3.5 años de vivir sólo...
3.- Cortar con Alicia (mi novia)... siempre es dificil dejar a quien amas... la confusión... es la constante...
Saben... nunca me había dolido tanto perder a alguien... Priscila fué para mí el objeto de amor más valioso que he tenido... lo demás es lo de menos... regresar a vivir con mi madre... sólo es transitorio... consecuencia de decisiones que he tomado a lo largo del último año... me cala... pero no me pesa... simplemente es un momento de regresar a casa para tomar fuerzas y poder despegar con más potencia... en los últimos 5 años he tomado un sin fin de decisiones que me han hecho llegar a este punto... he avanzado súbitamente y he caído drásticamente...
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